Por   moyano    F. Moyano

Una opinión personal

“Dios quiere una cosa en Inglaterra y otra en Francia”, ironizaba Marx a propósito de las explicaciones que no explican nada. Dios quiere que en Francia las acciones directas masivas y de violencia callejera contra las COSAS sean una reacción popular justificable, pero en Uruguay los actos del mismo TIPO pero distinta DIMENSIÓN no lo sean.

La movilización de protesta contra la cumbre del G20 del viernes 30 en Montevideo reunió unos pocos cientos de personas, más o menos. Si se hubiese superado el millar la gente espontáneamente hubiese ocupado ambas vías de 18 de Julio.

Fue convocada por algunas organizaciones sociales y políticas unos pocos días antes, sin que se involucrasen las más importantes. Unidad Popular convocó un acto aparte.

Un grupo de unos diez militantes con la cara cubierta hicieron algunas pintadas, arrojaron petardos y bombas de pintura, apedrearon varias vidrieras y rompieron algunas, protagonizaron unos incidentes verbales con algunos reporteros de televisión que fueron a filmar la actividad, embadurnaron una cámara.

En la embajada de Francia hicieron una milmillonésima parte de lo de los “chalecos amarillos” en Francia. Pintaron las paredes con leyendas, intentaron sin éxito romper los vidrios templados de las ventanas, lograron romper la de la caseta de vigilancia, el guardia salió antes y no hubo choque.

No hubo ningún lesionado en ningún lado.

Estas acciones fueron usadas en los medios para desacreditar la actividad misma. El senador reaccionario Javier García reclamó por la “pasividad policial” para (junto a otros hechos) pedir la censura del ministro Bonomi.

De lo que quiero hablar acá es que varios militantes de izquierda censuraron estas acciones en las redes sociales hablando de infiltrados, agentes del enemigo, sumando insultos, etc.

Va mi opinión respondiendo a la pregunta del título.

Sí, es así, lo de los capuchas negras está mal, lo de los chalecos amarillos está bien

Las condiciones del contexto, y el carácter de las movilizaciones son muy diferentes. La demostración más clara en el caso francés. es la marcha atrás del gobierno de Macron en el aumento a los combustibles (detonante de las protestas); y los chalecos amarillos van por más ampliando la plataforma de reclamos. Cuentan con un alto respaldo de la opinión pública, es un movimiento espontáneo sin un impulso político-partidario atrás, sin portavoces visibles, sin estructura.

El contexto político y de opinión es muy diferente en Uruguay. Pero no es obra de la mano de Dios. Y con ese contexto, todos tenemos que ver.

Tampoco es resultado de las acciones equivocadas de los capuchas negras- Si no existiesen esas acciones, el escaso poder de convocatoria de una actividad como la marcha anti-G20 no variaría demasiado, porque es resultado de una crisis del activismo radical mucho más general que obedece a causas profundas, alas propias limitaciones básicas de ese activismo. Las acciones como la de los capuchas negras son en realidad una consecuencia de la inoperancia general.

Es evidente que las mismas son contraproducentes y no ayudan a llegar a un mayor alcance de convocatoria, ni de capacidad organizativa, ni maduración política. La teoría de la “acción directa” como acciones ejemplares, como factor de incentivo o agitación o siquiera de despertar interés ha demostrado ser, en los hechos, COMPLETAMENTE EQUIVOCADA, y no es por esta acción puntual sino por décadas de experiencia negativa. Sin embargo es evidente que un sector de esa militancia llamada radical, aunque no comparta expresamente este tipo de acciones, de hecho las ha venido cobijando durante décadas, les ha dado un espacio, y también que piensa de una manera más o menos similar.


Pero todo esto no significa que sea correcto ahora sumarse al coro reaccionario de estigmatización oacusarlos sin pruebas de ser agentes policiales, o cubrirlos de insultos.

Infiltrados hay en todos lados, hasta en las actividades absolutamente pacificas, como lo ha demostrado la documentación sobre el espionaje militar. Y si realmente fuesen provocadores policiales hubiesen hecho algo realmente dañino, y no esas cuatro pavadas. El efecto negativo no se debe a que sean acciones particularmente agresivas sino a que no se corresponden para nada con el clima imperante, y que ese clima no va a cambiar por este tipo de acciones.

No por ello es correcto usarlos como chivo expiatorio para depositar en ellos el problema. Las acciones equivocadas son contraproducentes. estigmatizarlas con un discurso reaccionario también.  Estas actitudes frente a estas acciones equivocadas también son equivocadas, tampoco ayudan, y TAMBIÉN sirven al enemigo.

Está claro que por más que se intente una discusión interna democrática de todos estos problemas, difícilmente se logre. La práctica autoreferencial de cada uno por su cuenta (por ejemplo hacer un acto aparte) está muy acendrada.

Tenemos hoy un problema muy serio, ideológico, político, organizativo, de estilo y métodos de trabajo. Los errores son hasta cierto punto inevitables, pero tenemos que combatirlos. Pero hay que combatirlos correctamente. Tenemos todos los elementos para hacerlo

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