El periodista Daniel Schnitman (AM Rebelde, domingos de 13 a 15) analizó la reciente detención de dos jóvenes que el ministerio de Seguridad y algunos medios se apresuraron en vincular con “la organización terrorista” Hezbollah. “Están fomentando el odio, como ya pasó en los 90”, aseguró.

Por Enrique de la Calle

APU: ¿Qué puede decirnos sobre la detención de dos jóvenes al que algunos medios vincularon con Hezbollah?

Daniel Schnitman: Esto surge de la DAIA, que se autoproclama como la representación política de la comunidad judía, a partir de un mail que recibieron, donde les dicen que hay gente vinculada con el Hezbollah en la zona de Floresta. La DAIA se lo pasa al ministerio de Seguridad, de Patricia Bullrich, y en este momento Seguridad está muy esperanzada con que aparezca casos que les permitan tapar todo lo que pasa en el país. Por supuesto, el caso se agrandó gracias a los grandes medios.

APU: ¿Los detuvieron a partir de ese mail?

Daniel Schnitman: Han hecho cosas muy oscuras, detuvieron a dos muchachos jóvenes, los golpearon. Son dos jóvenes argentinos, de tercera o cuarta generación. Viven por supuesto en el país. Son de religión islámica, musulmanes. Los vinculan con Hezbollah, que hay aclarar que es un partido político del Líbano y de Irán.

APU: ¿Qué pudo averiguar sobre el caso? 

DS: Según lo que averigué con gente de la comunidad islámica en Argentina, y me dicen que son dos muchachos muy buenos. Ellos viajan cada tanto al Líbano, porque tienen familiares. No es cierto que viajaron a Qatar o Emiratos Árabes, que no tienen nada que ver con Irán, por ejemplo. Esa información es falsa, pasa que realizaron escalas en su vuelo al Líbano. El que era del partido político de Hezbollah era el padre de estos chicos, y el arma, muy vieja, era de él. Es un arma que no está en uso. Esto empezó hace unas semanas, cuando una diputada uruguaya (Graciela Bianchi) inventó que había una célula de Hezbollah en la zona. Por supuesto, acá lo pusieron en tapa. Montaron todo un show. Está generando odio contra todos aquellos que no son rubios de ojos celestes como ellos. Los únicos buenos son ellos, que pueden hacer todo tipo de tropelías. Es algo que está pasando en toda la región.

APU: ¿Cuál es el rol de la DAIA?

DS: La DAIA está fogononeando todo este tipo de mentiras. Es una institución perversa, que le hace mucho daño en el país y también a nuestra comunidad (la judía). Hoy tiene mucho poder en el Gobierno. El propio Secretario de Derechos, Claudio Avruj, fue director ejecutivo de la DAIA durante la gestión de Claudio Beraja, que quebró el Banco Mayo y que manejaba dinero del narcotráfico. Estamos reviviendo los años 90, donde se fomentó un odio similar.

APU: ¿Qué puede decirnos de Hezbollah?

DS: Es un partido político, que tiene un frente armado. Cada país tiene su forma de defenderse y de representatividad. Pero es un partido político del Líbano e Irán. También está en Siria. Que tiene una política de defensa. Por supuesto, uno ve la bandera verde del Hezbollah, que tiene una ametralleta, y parece que están en guerra permanente. Pero uno se olvida que hay otras banderas, occidentales, que tienen águilas o espadas, y no se le da tanto valor.

 


De Floresta a Beirut: sobre la verdad, por Gabriel Fernández

“A decir verdad Hezbollah, nacida en Líbano en 1962, es una organización política que representa millones de pobladores de la región, la mayor parte de ellos islámica chiita. Como cualquier movimiento nacional popular del planeta, ante la invasión registrada en ese tramo, adoptó formas variadas de resistencia”.

Por Gabriel Fernández*

Habrán visto lo ocurrido con los pibes de Floresta. Si por un lado es preciso seguir la información y difundir la voz de la familia; si por otro resulta importante evitar la identificación de un credo con cualquier acción delictiva; también es pertinente –en el período Cualquier Cosa- volver sobre la cuestión informativa.

A lo largo de los días recientes, decenas de colegas han escrito y pronunciado la frase “la organización terrorista Hezbollah”. Bueno: ya no se trata de un debate ideológico, que depende del prisma. La expresión es falaz, porque si se tuviera que hallar una definición en el campo militar, el agrupamiento citado bien podría ser catalogado como “antiterrorista”.

Aunque el público desde este Sur lejano del Líbano no lo perciba, ese error constituye una tremenda falla profesional de los periodistas que han difundido la situación y de las áreas internacionales de medios como La Nación, Clarín, Infobae, Perfil y algunos más “cercanos” que se prestan a calificar lo que venga, del modo en que los servicios se lo indiquen.

En algún momento definimos esto como ausencia de autorrespeto profesional. Sería interesante que alguno de los analistas internacionales de esos medios fundamenten a cara descubierta, con datos políticos concretos en la mano, qué puede llevarlos a calificar como “terrorista” a la organización que conduce Hasan Nasrallah.

A decir verdad Hezbollah, nacida en Líbano en 1962, es una organización política que representa millones de pobladores de la región, la mayor parte de ellos islámica chiita. Como cualquier movimiento nacional popular del planeta, ante la invasión registrada en ese tramo, adoptó formas variadas de resistencia.

De allí que esa vertiente haya desplegado alianzas, andando el tiempo, con el sector del Partido Baas que levanta banderas confluyentes –partido que se presenta regularmente a elecciones legítimas en casi toda la zona, salvo donde es prohibido y perseguido- y con la Revolución Iraní. Desde 1992 Hezbollah participa de los comicios en su país, con resultados que vale revisar.

En principio: donde arma listas, gana. Se impuso en todos los distritos electorales sin sospecha alguna de fraude y pasó a representar a la mayoría de los libaneses. A tal punto que amplió su política de alianzas hacia otros espacios, lo cual debería relativizar la acusación de “fundamentalista” que también ha recibido: con cristianos ¡pero también con judíos!, forjó “Líbano Multiconfesional”.

Ante las continuas agresiones del Estado de Israel con respaldo de la OTAN, los Estados Unidos y Arabia Saudi, los libaneses resguardaron su derecho a la autodefensa armada, por una sencilla razón: si se desarmaban, eran barridos por esa coalición. Jamás Hezbollah actuó fuera de la región señalada y mucho menos con operativos militares sobre algún país de América latina. Eso no está en su lógica ni en su radar.

Hay dos textos que definen su rumbo de modo inequívoco: la Carta Abierta a los Oprimidos de Líbano y del Mundo, y el Manifiesto de Hezbollah. En ambos expresa la decisión de luchar por “la tierra, el pueblo y la soberanía del país” para “un Estado que tenga un ejército nacional, fuerte y preparado; un Estado que esté estructurado sobre la base de instituciones modernas, efectivas y que promuevan la cooperación, un Estado que esté comprometido con la aplicación de las leyes a todos los ciudadanos sin distinción; un Estado que garantice una representación parlamentaria correcta y justa sobre la base de una moderna ley electoral que permita a los votantes escoger sus representantes sin verse afectados por presiones”. Bien, vamos más lejos.

Pues ¿cuál es el Proyecto Nacional que encarna Hezbollah? Preste atención, lector. Sus objetivos son crear “un Estado que dependa de personas cualificadas con independencia de cuáles sean sus creencias religiosas y que establezca mecanismos para la lucha contra la corrupción en la Administración; un Estado que disponga de un Poder Judicial independiente y no politizado; un Estado cuya economía promueva los sectores productivos y trabaje para fortalecerlos, en especial la agricultura y la industria; un Estado que aplique el principio de desarrollo equilibrado entre todas las regiones; un Estado que cuide a sus ciudadanos y les suministre los servicios adecuados”.

Hay más, con rasgos significativos: “un Estado que se ocupe de la joven generación y ayude a los jóvenes a desarrollar sus energías y talentos; un Estado que trabaje para consolidar el papel de las mujeres en todos los niveles; un Estado que se ocupe de la educación y trabaje para mejorar las escuelas y universidades oficiales y aplique el principio de la escolaridad obligatoria; un Estado que adopte un sistema descentralizado; un Estado que trabaje duro para frenar la emigración y un Estado que cuide a sus ciudadanos en todo el mundo y les proteja y se beneficie de sus conocimientos y posiciones para servir a la causa nacional”. Así es la cosa.

Como se verá, todo muy poco “terrorista”. Por el contrario, esta organización –reiteramos: representativa de la mayoría de los libaneses- ha actuado con energía y con la ley en la mano para expulsar a Al Qaeda y al ISIS de su zona de influencia. Todo esto, y bastante más que por ahora no incluimos para evitar abundar sin sentido, es información.

Información abierta disponible para todos los colegas que intenten asomarse aunque más no fuera un poco a la realidad de Oriente Próximo y Medio Oriente. La posibilidad de que Hezbollah configure un grupo terrorista para operar en la Argentina es la misma que si la Juventud Peronista destinara brigadas para actuar violentamente sobre Yemen, por así decir.
Un  disparate; difundido continuamente, estos días, por medios que dicen tener secciones cuyo leit motiv reza “Internacionales”.

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica.