fernando moyano  X  Fernando Moyano

[En este video el tema comienza a las 2:46 hs  https://www.youtube.com/watch ; aviso, solamente este tema son varias horas de sesión, con desalojo de las barras y el grito “mercenario”, y es de extraordinaria importancia el fragmento del libro de  Ricardo Seitenfus citado por Ivan Posadas; la bofetada a Rubio está hacia el final, y más bien principio Bianchi dice “la realidad nos pega una bofetada”]

“El territorio de los Estados es inviolable y no puede ser objeto de ocupaciones militares ni de otras medidas de fuerza impuestas por otros Estados, ni directa ni indirectamente, ni por motivo alguno, ni aun de manera temporal.”

Este documento es la Convención sobre derechos y deberes de los Estados, Montevideo, 26 de diciembre de 1933, en la Séptima Conferencia Internacional de los Estados Americanos, la pre-OEA.
[http://dhpedia.wikispaces.com/Convenci%C3%B3n+sobre+derechos+y+deberes+de+los+Estados ]

Fui a él inicialmente por otras razones, por el tema del “Estado” de Israel y las colonias ilegales que hoy está en el foco. Allí podemos ver que, de acuerdo a los criterios de esta Convención, que luego serán plenamente aceptados progresivamente por TODAS las instituciones internacionales que definieron el derecho internacional actual, Israel no es un “Estado”. No cumple, por propia decisión y no por otra cosa, con el “requisito” de tener un Territorio determinado (es decir con FRONTERAS definidas, una frontera es un limite entre “adentro” y “afuera” y el Estado esta adentro y respeta el afuera en que hay otros), tal como lo define esa Convención. Y sin eso no se puede ser Estado, el territorio es la base material de todo lo otro, y necesariamente un territorio DETERMINADO, no indeterminado. Pero es para otra nota.

Esto otro es prioritario. Cuando fui a este documento encontré esa definición que cito más arriba.

Israel no existía en 1933 y tampoco estaría en América, no firmó esa Convención. Pero sí firmaron 19 países americanos. Uruguay firmó, y además fue anfitrión. Haití también firmó.

Y dice esa Convención, ese acuerdo entre Estados que se reconocen mutuamente entre ellos como igua!es, con derechos iguales y obligaciones reciprocas que se comprometen a respetar, que cada uno tiene un territorio inviolable, vedado a los otros. Y podrían haberse comprometido entre ellos a muchas cosas pero dieron prioridad a una: no ocupar militarmente a otro. Todos ellos, no hacer eso a otro. Era un obvio primer escalón para que ese reconocimiento mutuo de derechos y obligaciones tenga sentido.

Pero para no dejar dudas agregaron: “ni directa ni indirectamente, ni por motivo alguno, ni aun de manera temporal”.

Ni que hubiesen adivinado los autores las excusas que podrían setenta años después varios firmantes para ocupar militarmente otro firmante.

Todos son responsables, todos los que resuelven ocupar, manden tropas directamente o no. De la misma forma en que todos son responsables por la epidemia de cólera que la ocupación trajo, sea directamente o no la mierda de sus soldados la que llevó el vibrón al agua del río.

Ninguna excusa es válida para una ocupación militar del territorio de otro estado.

Y además, de nada vale aducir que sería por seis meses,no se puede hacer ni por un día. Seis meses que ya son casi trece años. Vamos a detenernos un poco en este tema del tiempo, que aparece siempre como centro de la discusión, y se siguen votando textos intrínsecamente contradictorios.

Al principio del debate Coitinio, FA, explica claramente por qué vota en CONTRA del proyecto, Posadas y Rubio también fundamentan muy fuertemente en contra. La defensa del proyecto del gobierno la asumen diputados de la oposición, hasta que la cosa es demasiado escándalo y los oficialistas tienen que salir a defenderlo, y es peor. No resulta ser, pese a lo que dice un diputado opositor, una posición “simple”, sino bien complicada, entreverada, lastimosa. Lo que hacen es defender la prórroga dando argumentos por el retiro. Veamos en detalle como se plantea la discusión.

Todos parecen estar de acuerdo en que HAY QUE RETIRAR LAS TROPAS DE HAITÍ, todos. La diferencia en la sesión de diputados, según explican, es si hay que retirarlas YA, de inmediato, o hay que hacerlo EN ABRIL. Pero retirarse se retiran.

Ese criterio tan incoherente ha dado lugar a dudas que se expresaron en voz alta. ¿No volverá a plantearse en abril una nueva prórroga? ¿Cómo confiar en que sea esta la “última” y ya la vez pasada se dijo que era la última? Sin embargo, incluso este aspecto a esta altura es secundario.

¿Por qué ahora no y en abril sí? ¿Cuál es la diferencia?

No es debido a la situación haitiana y los cambios que puedan haber de acá a abril, eso está muy claro, o porque haya tareas u objetivos aún sin alcanzar por esta misión de “estabilización” que estuviese previsto que sí estarían en abril. Y no lo es, porque lo que ocurra de acá a abril en Haití lo “evaluará” Naciones Unidas según su propio criterio, y allí decidirá, Naciones Unidas, si da por concluida o no la misión de “estabilización”. Y esa decisión no está tomada, y ni siquiera está en marcha. La resolución de Naciones Unidas no dice “nos vamos en abril” sino lo contrario, “no nos vamos antes de abril”.

En cambio lo que dicen hoy los parlamentarios uruguayos es “nos vamos en abril” independientemente de lo que haga en ese momento la ONU. Lo extraordinario es que el fundamento PARA NO RETIRARSE AHORA es cumplir una resolución de Naciones Unidas, y en cambio el fundamento para retirarse en abril es INDEPENDIENTE de lo que haga o deje de hacer Naciones Unidas en ese momento. Hoy no podemos actuar en forma independiente  a Naciones Unidas, pero en abril sí. Y eso no depende en absoluto de la situación haitiana, porque  es obvio que Naciones Unidas no hace hoy un balance de que lo que pasará en abril. Parece en cambio Uruguay si lo hace.

Resulta entonces que la única razón aducida en esta discusión fue la razón instrumental, que la puso en palabras un diputado colorado, Ope Pasquet, pasándole la linea a los frenteamplistas. Postergamos el retiro hasta abril para poder hacer un “retiro ordenado”, y no “intempestivamente”.

Y en esa percha se colgaron todas las prendas: avisarle a Naciones Unidas con tiempo, poder organizar la vuelta de los soldados para que no fuese “para el sábado, estando a miércoles”, poder traer los camiones, tanques, etc. Todas razones muy sensatas, si no fuese por un detalle. La fecha del 31 de diciembre estaba decidida por el parlamento desde muchos meses antes. La cosa es exactamente AL REVÉS.

La verdadera pregunta es: ¿por qué no se cumplió con esa decisión tomada por el parlamento, por qué no se preparó la vuelta para esa fecha, por qué no se avisó a Naciones Unidas y a todos, por qué no se organizaron las cosas para cumplir con esa fecha de retorno?

Los diputados, ni unos ni otros, dijeron lo que resulta evidente: A nadie le importó un carajo lo que el parlamento había decidido, ni al presidente, ni al ministro de defensa, ni al de RREE, ni al mando del ejército, ni a nadie. Nadie se preocupó por preparar las  condiciones para que esto “tan difícil de instrumentar· fuese cumplido. ¿Por qué?

Porque nadie se tomó esa decisión en serio. Porque nadie cree que estas cosas las decida realmente el parlamento, ni siquiera ellos, los parlamentarios que hacen el teatro de decidir, y discuten, y se enojan, y se pelean. Ellos no deciden nada, lo saben, y lo aceptan. Si no fuese así, el enojo debería ocurrir porque no se cumplió ni se intentó siquiera cumplir con lo que ellos decidieron. El tema no es organizar la retirada “del miércoles para el sábado”, sino no haber preparado nada, durante meses, para llegar a esa fecha del sábado con la instrumentación necesaria.

Este tema nos ha servido para poner al desnudo “la hoja de parra del militarismo” sin necesidad de un Wilhelm Liebknecht.

El problema es muchísmo más grave por tratarse de un problema militar, precisamente. Como nadie se toma en serio un problema militar, porque esto es Uruguay, es que nadie se da cuenta de esa gravedad.

Retirar una fuerza militar de un escenario de conflicto es algo muy serio. Precisamente por eso NO CUMPLIR EN ABSOLUTO con una decisión de este tipo es lo grave.

Excepto Alejandro que estaba loco y solo pensaba en atacar, cualquier ejército, cualquier mando militar, cualquier jefe militar de cualquier tenor y en cualquier época sea Espartaco o Napoleón, al plantear una operación militar cualquiera se plantea la contingencia del retiro. SIEMPRE, siempre es una contingencia prevista, siempre está instrumentada por si debe ser llevada a cabo porque la situación lo impone. Nunca un ejército va a una guerra sin tener previsto los mecanismos para retirarse “del miércoles al sábado” si eso resulta necesario. Nunca se manda una fuerza de combate para dejarla librada a lo que venga sin tener prevista la forma de retirarla. Estas cosas solamente pasan en Uruguay.

¿Y cómo ocurren realmente las cosas en Uruguay? El mando militar tiene que reclutar gente para poder tener un ejército. Pero para eso tienen que convencer gente para que ingrese, para eso tienen que ofrecer algo. Sueldos, no son muy atractivos. De modo que se les ofrece la posibilidad de salir en “misiones de paz” como incentivo. Y allí empieza a rodar la bola de nieve.

Lo mismo y más pasa con la oficialidad. Las “misiones de paz” son la oportunidad de ingresos extras, y vienen con toda su salsa: adiestramiento, preparación, especialización, oportunidades de ascensos, ingresos extra. Y al final estará el retiro en la otra ascepción de la palabra, la jubilación militar agrandada al cabo de los años con la levadura de las misiones. Todas estas cosas significan recursos que se destinan a ese efecto.

Nos resulta absurdo que algunos de los que rechazan las “misiones de paz” digan que las fuerzas armadas deberían dedicarse, en vez de eso, a la “defensa nacional”. La verdad es que se va a esas “misiones” para mantener un ejército que no tiene ningún sentido para la “defensa nacional”, por eso se necesitan. Y por eso tienen esa fuerza inercial tan extraña, que derrapa, que necesita tantos metros para frenar.

El problema es que en las “misiones” Uruguay adquiere una dependencia, en el plano militar me refiero, en lo otro hace rato que la tiene. ¿Por qué no se puede retirar una fuerza militar “intempestivamente”? Porque si se hace eso se corta la cadena. No se podría pretender luego acceder a otras “misiones”, y tampoco sería muy atractiva la zanahoria a nivel local para poder seguir reclutando e interesando a alguien si se les corta así, si en cualquier momento los traen de vuelta “intempestivamente”. Para poder retirarse de Haití primero hay que negociar con la ONU un curro sustitutivo para los muchachos. Y para eso hay que hacer molde con las condiciones que ponga la ONU.

Si bien las argumentaciones de los que votaron en contra han sido contundentes sobre el drama haitiano, la naturaleza intervencionista de la MINUSTAH y sus consecuencias calamitosas, resultan insuficientes en cuando a denunciar la justificación MERCENARIA de la participación uruguaya.
Pero esa carencia está más que salvada por las intervenciones de los que votaron a favor. El único argumento esgrimido por ellos, clara y concientemente, desarrollado detalladamente en todos sus aspectos y defendido así no más, es levantar como bandera la política MERCENARIA.

Para terminar quiero referirme al reproche que se le hace durante la sesión a Luis Puig, que antes había votado en contra y renunciado, en diciembre de 2014, con los resultados electorales ya firmes que lo harían volver al parlamento en febrero de 2015. ¿Qué ha cambiado? preguntan. Puig votó de nuevo en contra en 2016 y no renunció, y esta vez cedió el lugar a Coitinio que votó en contra, y por supuesto no va a renunciar.

Las actitudes personales pueden ser consideradas y valoradas de muchas maneras, censuradas por muchas cosas, pero las actitudes personales no son lo más importantes. Si tanto importasen, habría que comenzar con Jorge Gandini que da vuelta su voto en el aire, de SÍ para NO, o Gonzalo Civila que da vuelta la fundamentación, de NO para SÍ.

¿Qué cambió?

Cambió que la ocupación se desmorona, cambió que la participación uruguaya también. Cambió que la hoja de parra se cae y todo queda a la vista.

Haití no es un “estado fallido”, la reconstrucción del estado colonial es una reconstrucción fallida, la “estabilización” es fallida. A su vez, el sobredimensionamiento de la participación uruguaya ha tenido demasiada exposición, demasiado desgaste, demasiados problemas. Y esos problemas han carcomido la “mano de yeso”. El ciclo de gobierno frentista ha entrado en su fase decadencia, los problemas se juntan y se alimentan unos a otros, el verticalismo se ladea.

Cada vez hay menos condiciones para disciplinar a nadie, cada vez es más vergonzoso. Cada vez es menos creíble. Aquí también el tema de Haití ha funcionado como un síntoma.

Por eso, cuando algún diputado frentista que argumenta el voto a favor de la prórroga por “cumplir con la palabra dada”, es realmente mentar la soga en casa del ahorcado. ¿La palabra dada? Justamente, eso es lo que no se ha cumplido.



  o    fernando moyano