moyano    X   Fernando Moyano

“No vamos a ser capaces de pilotar nuestra Nave Espacial Tierra durante mucho tiempo más, a no ser que entendamos que es una única nave, y que nuestro destino es común. Tenemos que ser todos, o no seremos ninguno”
Richard Buckminster Fuller

No vamos a hablar aquí del libro de Arturo Frondizi, el del programa que no cumplió, sino del tema que plantea ahora Tabaré Vázquez, una política, petrolera en Uruguay hoy. Y en esta discusión no podríamos dejar de lado ese concepto de “nave Tierra”.

A Frondizi los milicos no lo dejaron desarrollar la explotación petrolera por la vía estatal que es lo que el quería y el programa con el que llegó a presidencia, las fuerzas armadas que estarían para la “defensa de la soberanía y los recursos naturales” y en realidad para asegurar la entrega de los recursos naturales. Acá, a Tabaré no se necesita que lo obliguen.

Frondizi fue presidente argentino entre 1958 y 1962. En aquel tiempo el mundo corría tras el petróleo, se pensaba que así se obtendría libertad energética; hoy es al revés, el mundo trata de escapar del petróleo y todos sabemos que en el Tercer Mundo la dependencia del petróleo es sumisión, sumisión del país que no lo tiene pero más todavía del que lo tiene.

Por eso me llama la atención la pobre reacción de la oposición política y la sociedad civil. He escuchado el rechazo a la tecnología “fracking”, que además Tabaré al menos dijo ya que no usaría; pero muy poco sobre el tema de fondo, que sería:

¿Uruguay PRECISA recurrir al petróleo? Y además ¿sería un BUEN NEGOCIO para el país? Son esas las preguntas que pretendo contestar.

Comenzaré con la respuesta, que me hizo llegar gentilmente una amiga, respuesta de Ramón Méndez a una pregunta suya sobre esta problemática en el marco del “Dialogo Social” que está llevando el gobierno.

Ramón Méndez es Doctor en Ciencias Físicas, director de Cambio Climático en el MVOTMA, ex Director Nacional de Energía en el MIEM, uno de los 50 líderes mundiales del año según la revista Fortune. Esta fue la pregunta:

“Tenemos que abandonar los combustibles fósiles a mediados de este siglo si aspiramos a no superar el umbral que aconseja el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de dos grados de aumento de la temperatura global respecto al comienzo de la Era Industrial. Es ese el acuerdo al que se ha llegado internacionalmente en la Cop 21 en París, donde usted coordinó las negociaciones por Uruguay.

El país se comprometió a reducir su dependencia de los combustibles fósiles y ser neutro en sus emisiones de carbono para 2030. A la vez, si la empresa Total hiciese un descubrimiento y fuese rentable extraer el petróleo o el posible gas asociado, el cronograma de actividades prevé que la explotación comenzaría en 2023. ¿Cómo se conseguiría entonces alcanzar esa reducción en la dependencia de los combustibles fósiles para 2030, que es obligatoria una vez comprometida ante la ONU?”

Más claro, imposible. Veamos la respuesta de Ramón Méndez:

“-Porque son dos cosas que parecen contradictorias, pero son totalmente diferentes. El hecho de que tengamos petróleo no quiere decir que lo tengamos que usar más de lo que lo estamos usando hoy en día. La idea no es ponernos a generar electricidad con petróleo. Lo vamos a seguir usando para el transporte y el mundo también. Usamos mucho petróleo para el transporte, muchos derivados del petróleo para el transporte, alrededor de 40.000 barriles diarios que es lo que se refina en La Teja.

La única gran diferencia si tenemos petróleo propio es que el que vamos a tener que seguir utilizando en los próximos años no lo tenemos que importar, es nuestro y a un costo estabilizado. El segundo gran beneficio es que el mundo, hasta 2040 o 2050, va a seguir utilizando petróleo. Así está previsto en los acuerdos de París, no es que va a desaparecer el uso del petróleo en la próxima década. Entonces, si tenemos petróleo es el momento de producirlo para generar ingreso de divisas al país como fruto de su explotación y eso no cambia en nada lo que hagamos con nuestra matriz energética o lo que hagamos con nuestras emisiones”.

Antes de comentar este texto hagamos una aclaración. Ramón Méndez no es ningún chanta, sería un error pensar tal cosa. Ni se caracteriza por una completa deshonestidad intelectual como otros en este elenco de gobierno.

En 2007 Tabaré Vázquez convocó al final de su mandato una discusión multipartidaria sobre el uso de la energía nuclear en Uruguay, prohibida por ley. Todos los pre-candidatos en carrera, y lo mismo Vázquez, estaban claramente a favor de la opción nuclear, incluyendo al ingeniero que sería luego ministro de Industria y Energía. Todos excepto uno, que como no dijo una cosa tampoco dijo la otra.

Al efecto, Tabaré nombró una comisión asesora presidida por Ramón Méndez, especialista en energía nuclear. Aunque el informe que elaboraron no descartó explícitamente la opción nuclear, lo hizo implícitamente con toda claridad. No por razones de cuidado ambiental o de principios, ya que tanto Méndez como esos líderes políticos sostenían que la generación nuclear es “limpia”. Fue por crudo realismo. La opción nuclear implicaría inversiones y tiempos para investigación e implementación que la hacían impracticable; además los reactores posibles tendrían una escala desproporcionada para la matriz energética, algo claramente inconveniente.

Por eso también llama la atención que ese realismo -un mérito de Méndez en ese momento, más aun en un pro-nuclear- no aparezca ahora en el caso del petróleo. Pero termino antes con la nuclear. Descartada en lo inmediato, se siguió igual hablando como posibilidad. Pero en 2011 se produjo el accidente de Fukushima, y se liquidó el tema. Esto decía Ramón en 2013:”… cuando se inicia la discusión en 2007-2008… no sabíamos que podíamos ser tan exitosos en la producción de energías renovables a precios tan competitivos…

En segundo lugar, ocurrió Fukushima. Y hay dos cosas importantes. Primero, de los cincuenta y pico países del mundo que estaban analizando la opción nuclear, quedaron dos o tres nada más y no han tomado decisión. Países que eran nucleares están retirando la energía nuclear, como Alemania y muchos otros. Pero otra consecuencia fue que, desde la percepción de los inversores, la energía nuclear dejó de ser atractiva. Es un alto riesgo…”

En otras palabras, improvisación y mentalidad conservadora. Siempre hubo gente con más visión, que no necesitaron del desastre de Fukushima para comprender que la generación nuclear es un riesgo irresponsable, o que Uruguay podía optar por las energías renovables. Siempre hubo gente cuya mirada no se somete a “la percepción de los inversores”. Con Méndez en la Dirección Nacional de Energía el Programa de Energía Eólica estuvo a punto de desaparecer por falta de presupuesto y funcionarios. Pero los hechos se impusieron sobre las ideas conservadoras de los gobernantes.

Uruguay tomó el camino de las renovables, aunque en forma improvisada, dependiendo de la inversión privada extranjera y desperdiciando la oportunidad de una verdadera innovación y desarrollo nacional, firmando contratos para comprar energía a precios fijos en dólares con un dólar que se disparó. Si se hubiese recurrido a la inversión pública y fomento de la industria nacional, gran parte de los costos de producción serían en pesos, el esfuerzo invertido -por grande que fuese no era imposible- se recuperaría antes o después por el ahorro en petróleo importado, y la innovación tecnológica quedaría como un paso adelante irreversible de provecho general. Así es como fue la experiencia hidráulica de los años 40.

Quiero dejar algo bien claro, el tema no es Ramón Méndez que no es de los peores, es de todo este elenco de dirigentes políticos con mentalidad colonial y oportunista.
Agreguemos que en reportaje citado, la idea destacada de Méndez fue: “Uruguay será un exportador neto de energía para el 2016”.

Como decía el marxista británico Alan Freman: Siempre es peligroso hacer predicciones, sobre todo del futuro. Méndez contaba con la regasificadora y le falló. Improvisación y mentalidad conservadora, de nuevo.?

¿Se ha aprendido de todo esto para el futuro? Lo primero que tenemos que tener en cuenta es la escala temporal de estas faraónicas inversiones en prospección y posible extracción de petróleo. Llevará diez o quince años.

– La idea no es ponernos a generar electricidad con petróleo. Lo vamos a seguir usando para el transporte y el mundo también.

Se desconoce que el mundo también está dejando atrás el transporte a petróleo. Ya han aparecido en Montevideo los primeros ómnibus eléctricos porque su precio viene descendiendo, y va a seguir. En algún punto, un auto del tipo de un Tesla de cien mil dólares que puede llegar a Rivera sin recarga, terminará costando diez mil. En Islandia ya hay infraestructura para el uso generalizado del auto eléctrico.

Y lo principal, la inversión ferroviaria que es imprescindible, no tiene sentido sin ir al tren eléctrico. Y esto significa que en el transporte de carga y también de pasajeros de larga distancia habrá una transición global de la carretera y el petróleo a la vía y la electricidad.

– El segundo gran beneficio es que el mundo, hasta 2040 o 2050, va a seguir utilizando petróleo.

¡Vaya beneficio! Eso significaría NO RESOLVER el problema del cambio climático, y de eso se alegra??? nuestro Director de cambio climático!!!. ¿Sacar provecho de la dificultad que tiene el mundo de resolver un problema acuciante?

Tal vez el mundo no logre resolver el problema del cambio climático, y si resulta así, que nuestro director de cambio climático nada menos, tenga una visión tan estrecha y mezquina del problema como para dar manija al revés, es toda una paradoja. Es borrar con el codo todo lo escrito sobre un “Uruguay verde”. No se puede hablar de combatir la droga y ser traficante. Esto de que nosotros no emitimos, pero ayudamos a que los demás sigan emitiendo… ¿qué sentido tiene así nuestro esfuerzo por limpiar el planeta si los demás lo siguen contaminando, y nosotros los ayudamos a eso? Hay países predadores que dicen: nosotros contaminamos, ustedes limpien. ¿Qué es esta idea de decir: nosotros limpiamos, ustedes contaminen?

Pero dejemos de lado ese pesimismo, supongamos que las cosas no marchen tan mal, y el mundo abandone en poco tiempo el petróleo, o reduzca drásticamente su consumo, digamos en unos veinte o veinticinco años. Esto nos lleva al tema contante y sonante del “negocio”.

Terminar, y luego poner en funcionamiento la faraónica empresa del pozo más profundo del mundo (por consiguiente el petróleo más caro de extraer) llevaría más o menos la mitad de ese tiempo. ¿Tiene sentido?

Aun si el proyecto petrolero funcionase unos años, difícilmente amortice siquiera la inversión. Y hasta que no esté amortizada, es falso que sea “nuestro y a un costo estabilizado”. Y cuando el mundo deje de quemar fósiles a lo loco, para la disposición final de toda esa instalación sería necesaria una gran cantidad de un popular derivado del petróleo.

Aumentar la oferta mundial de petróleo solo tiene sentido si se espera que la demanda mundial aumente, no que disminuya. Uruguay país exportador de petróleo llegaría a los postres, cuando la fiesta se está levantando. Los países que ya son grandes exportadores y que predominan como tales en el mercado mundial, seguirán teniendo muchas más posibilidades que los recién llegados en seguir siendo predominantes el tiempo que resta.

¿Dónde está el curro, entonces? No es nuestro curro. Las empresas petroleras tienen una enorme cantidad de capital en capacidad instalada, y de alguna manera tienen que achicar lo que se les viene. Para aguantar hasta el final, si encuentran un gil que pague los gastos de la última cena, después felices de dejarle el muerto.——
fernando moyano