Justificada (sic) presencia militar en Haití

El Observador- Opinión editorial, febrero 11 de 2016

La presencia militar uruguaya en Haití, como parte de las fuerzas de paz de Naciones Unidas, se justifica por ventajas que superan largamente las objeciones que plantean algunos dirigentes políticos. Aunque no es el beneficio principal, genera recursos financieros al Estado (1) y mejora los magros ingresos de los soldados que participan en los contingentes de la ONU en ese país y en África (2). Más importante es el prestigio adicional que aporta al país en el exterior (3) y, sobre todo, la contribución de esas unidades a promover orden pacífico y atender las condiciones de vida en una nación históricamente tumultuosa y empobrecida. (4)

La presencia y el accionar eficiente de nuestros militares en las fuerzas multinacionales de paz no solo es reconocido por la ONU, que reiteradamente recurre a los gobiernos uruguayos para integrar esos contingentes en diferentes partes del mundo. Contribuye además, dentro del país y especialmente para el Ejército, a apuntalar una percepción social más positiva de la estructura militar, hostigada durante largo tiempo por los recuerdos de excesos represivos en la época dictatorial. Por un lado, las Fuerzas Armadas de hoy no tienen paralelo alguno con las que operaron hasta el restablecimiento de la democracia hace 30 años. (5).

Por otro, han incidido en el mejorado concepto popular instancias recientes de decisiva asistencia militar para aliviar amenazas al bienestar de la población civil. Durante el último período de graves inundaciones, y como había ocurrido en instancias similares de años previos, fue vital la asistencia de efectivos militares a los damnificados. Incluyeron tareas de rescate y alojamiento y alimentación a quienes debieron abandonar sus casas. Y tuvo un aprobatorio impacto público la imagen de cientos de soldados en Montevideo y Salto saliendo a las calles a recoger las montañas de basura que habían superado a los gobiernos departamentales y se habían convertido en serias amenazas sanitarias. (6).

Más pertinente a las funciones específicas de la estructura militar es su presencia en Haití. Quienes la rechazan argumentan que viola el principio de no intervención en los asuntos internos de otro Estado (7). Pero su error en notorio. En primer lugar, no se trata de una acción uruguaya sino que es dispuesta por Naciones Unidas (8), el organismo integrado por todas las naciones y cuyo cometido fundamental, aunque lo cumpla muy a medias, es mantener el orden y la paz mundial (6). Como en Haití no hay paz ni orden (9), la intervención de la ONU, no de Uruguay, es claramente procedente.

Desde que la sangrienta rebelión de los esclavos liquidó el dominio colonial de Francia y convirtió a Haití en nación independiente en 1803, el país ha vivido una historia ininterrumpida de dictaduras y convulsiones políticas, corrupción generalizada y extrema pobreza y desprotección para la gran mayoría de la población. Fiel a estos antecedentes, se ha acordado ahora un frágil gobierno provisional luego de elecciones anuladas por fraudulentas y en medio de disturbios callejeros. En estas circunstancias, un elemento estabilizador que puede ayudar al endeble orden institucional es la fuerza de paz de la ONU (10), en la que los militares uruguayos desempeñan un papel gravitante. Esta realidad avala sólidamente la razón de su participación en ese y otros contingentes similares en cualquier parte del mundo donde son necesarias.

(1). Falso, según surge de las cifras del propio MDN las “misiones de paz” son una CARGA para el Estado uruguayo, ONU paga el 30% del costo en viáticos, mantenimiento de equipo -solamente- en operaciones, y municiones usadas. Uruguay paga el 70%, en sueldos y sobresueldos, compra de equipos y armas que luego terminan en chatarra, entrenamiento para escenarios completamente distintos a los de nuestro territorio, recuperación de enfermedades que eran desconocidas en nuestro país.

(2) Vergonzoso. Las precarias condiciones de sectores indigentes de nuestra población debe resolverse por la creación del trabajo genuino, y eventualmente por planes de asistencia social que significarían para el Estado un gasto mucho menor que estas fuerzas armadas inútiles y parasitarias.

(3) Cínico. Todo el mundo vio la violación de un joven haitiano por militares uruguayos, y menos conocidas pero reales son las reiteradas violaciones de menores de los efectivos en el Congo, el accidente aéreo fatal en Haití producto de mandar deliberadamente pilotos no calificados falseando sistemática y deliberadamente las cifras de horas de vuelo, y un largo etcétera.

(4) Es exactamente al revés, es la intervención extranjera lo que ha traído esta situación en Haití, comenzando por el derrocamiento en 2004 del presidente Aristide, electo por la amplia mayoría del pueblo haitiano. A esto se suman muchos otros daños, como la introducción del cólera por las fuerzas nepalesas de la MINUSTAH, que ha provocado 10 mil muertos y 800 mil afectados, se ha extendida a RD y Miami.

(5) Que siguen manteniendo el pacto de silencio sobre esos crímenes, entre otras cosas.

(6) Para ninguna de estas funciones es necesario que el personal tenga la condición de militar. Esos recursos deben ser transferidos a instituciones civiles. Lo que se trata de hacer con todo esto es justificar la existencia de fuerzas armadas que no sirven para la guerra, aplicándolas de vez en cuando a finalidades no militares. ¡No sirven ni para conservar las armas que se les dan!

(7) Da la casualidad que los primeros que rechazan esta intervención son los propios haitianos.

(8) Dos mentiras. Una, la ONU no tiene derechos absolutos sobre el territorio del mundo para hacer lo que se le ocurra, debe respetar la ley internacional, cosa que en este caso no hace. Y otra, Uruguay no está obligado a acompañar a la ONU en sus fechorías, y que lo haga la ONU no cambia la naturaleza del hecho, violación de la autodeterminación haitiana.

(9) Falso y calumnioso. Hoy en Haití no hay presidente, porque el pueblo haitiano no aceptó la imposición fraudulenta. Eso no ha traído ninguna guerra civil, como se ha sostenido todo este tiempo. Los haitianos han demostrado que pueden perfectamente hacerse cargo de su propio destino. Y si ese el argumento, ¿por qué no intervenir el México?

(10) Todo lo contrario. La MINUSTAH ha contribuido a la inestabilidad en Haití al sostener el régimen de Martelly, cuyo despotismo ha llevado a esta situación. Por otra parte ¿doce años no son suficientes para demostrar que esta intervención no conduce a la estabilidad institucional de Haití.

El texto de este editorial tiene más de 10 mentiras, pero, realmente, es demasiado.

  o    fernando moyano