moyano    X Fernando Moyano

 

Desde esta provincia argentina sin derecho al voto he seguido la polémica entre compañeros argentinos de distintas posiciones políticas sobre la segunda vuelta electoral. Quiero dar por mi lado una impresión.

Antes que nada, no quiero que se interpreten mis críticas a los compañeros de la izquierda argentina como mirarlos por encima del hombro. Todo lo que voy a decir puede aplicarse a la izquierda uruguaya en forma tal vez más cruda. A lo mejor aquí no estamos peor, pero sin duda no estamos mejor. Por el contrario, opino acá sobre lo que pasa allá porque tenemos los mismos problemas. Esto, probablemente, no evite que lo que digo pueda enojar a algunos argentinos.

Como sabemos, ante esta segunda vuelta en la que ya no hay opciones propias, las opiniones en la izquierda argentina se han agrupado en dos grandes bloques. El voto por Scioli como “mal menor” para evitar el triunfo de Macri, y el voto en blanco o anulado por considerar que las opciones de ambos candidatos son prácticamente equivalentes.

Digo, para dejar las cosas en claro, que estoy del lado de los que defienden el voto en blanco. Eso no quiere decir que me ubique allí sin tener nada que decir, creo por el contrario que lo más importante del tema está quedando fuera de la discusión.

Antes de eso quiero apenas señalar una cuestión referida a la posición que podemos llamar pragmática de optar por lo menos malo para impedir el triunfo de lo peor.

Aun suponiendo que tomemos esa opción política y demos por buenos todos sus argumentos, ¿cómo es que igual parece que gana Macri? Hacemos un llamado a la aplicación de una supuesta táctica inteligente… ¿y? No se puede esgrimir el argumento de la mejor eficacia de una táctica sobre otra… si la táctica propuesta es igualmente ineficaz. El argumento se niega a sí mismo. Puedo considerar esto de valorar la eficacia táctica a pesar de la supuesta “pureza” de los principios, y puedo estar de acuerdo o no con esa forma de pensar, pero para poner la opción sobre la mesa primero tiene que ser posible ponerlo sobre la mesa SOBRE LA BASE DE SU PROPIA LÓGICA. En otras condiciones, no da ni para empezar.

Los compañeros que proponen el voto por el mal menor pueden decir que ellos no son los responsables de esta correlación desfavorable de fuerzas, o que el resultado final no se puede presuponer. Pero en las condiciones concretas en que la ventaja del más malo sobre el menos malo parece duplicar o triplicar la fuerza que el voto “purista” estaría negando al voto “pragmático”, el planteo que quiere ver las cosas “en concreto”, no funciona en lo concreto.

Todas las opiniones de los compañeros son interesantes. Me voy a referir solamente a una nota, la de Rolando Astarita de hace unos cinco meses, “Izquierda y ‘voto útil contra el neoliberalismo’” (1).

En esta nota, el compañero Astarita parte del planteo considerado como clásico por los marxistas ante las elecciones dentro del régimen democrático-burgués. Lo que me llama la atención es que NADIE en esta discusión aparte de él se acuerde de esas ideas, y eso que todas las corrientes de compas argentinos están llenas de “ordotoxos”. La exposición más famosa de estas ideas es el conocido (y muy discutido) texto de Engels de 1895 en una Introducción a la “La lucha de clases en Francia” de Marx (2).

Astarita recuerda lo que plantea Marx en una circular de la Liga de los Comunistas de 1850:

Aun donde no haya posibilidad de conseguir su elección, los trabajadores deben presentar sus candidatos para preservar su independencia, para medir sus fuerzas y presentar a la atención pública su posición revolucionaria y su partido. No deben extraviarse por las frases vacías de los demócratas, que dirán que los candidatos obreros van a dividir al partido democrático y dar a las fuerzas de la reacción la chance de victoria. Todo ese discurso significa, en último análisis, que el proletariado será estafado”.

En ese esquema de Marx, el término “demócratas” está en el lugar de lo que en nuestro tiempo son “progresistas” o “antiimperialistas”, la forma de argumentar es la misma. Y esta es la forma en que Astarita resume esta manera de pensar, con la que estoy de acuerdo y que es muy clara:

son mayores las ventajas que obtiene el proletariado al actuar de forma independiente, que las desventajas que resultan de la presencia de algunos reaccionarios en un cuerpo legislativo. … lo que perdería la clase obrera en independencia de clase superaría cualquier ventaja que pudiera obtener por el triunfo del ala liberal de la burguesía”.

En general, las corrientes marxistas han señalado que las posibles ventajas de un trabajo político independiente de los partidos obreros en las elecciones dentro del marco de la legalidad burguesa, son, entre otras cosas:

  1. Aprovechar ese espacio para difundir entre la población las ideas y las propuestas programáticas propias, promoviendo en las masas la conciencia de clase.

  2. Además de ideas, construir organizaciones. Que las masas aprendan a organizarse en estos espacios “democráticos” como paso previo a formas superiores. Esto en todos los aspectos, prensa, propaganda, finanzas, comunicación, etc.

  3. Ponernos a prueba, usar el instrumento electoral para medir nuestras fuerzas en la práctica y en relación a las otras fuerzas, medir la capacidad de convencimiento que tenemos o no tenemos.

  4. Disputar con los voceros de la burguesía en cada problema concreto (por ejemplo vivienda, salud, empleo, servicios públicos, etc), viendo las cosas como las ve la gente común.

  5. DENUNCIAR LA FARSA DE LA DEMOCRACIA BURGUESA. Ese punto es fundamental y distintivo. En realidad, un “candidato revolucionario” que se presente a elecciones debe empezar cada “discurso electoral” diciendo más o menos: “Ni se les ocurra pensar que votándome a mí van a resolver algo”. Esto es más o menos lo que dice Astarita resumiendo la forma de trabajar de los primeros partidos obreros: “…los socialistas participaban en las elecciones para organizarse, para explicar y propagandizar sus críticas del capitalismo y del Estado capitalista. Si no se da este mensaje, no tiene sentido entrar en el juego electoral”.

Ahora quiero poner estas cosas en contexto, de acuerdo a los resultados. Comparando Argentina con Uruguay y el desarrollo de las expresiones de izquierda políticamente independientes, de base obrera y popular, de planteos políticos explícitamente revolucionarios, sus expresiones partidarias, su prensa, sus centros de estudio, su presencia, sus tradiciones, etc., es evidente que los compas argentinos están muy por encima de lo que hemos conseguido nosotros.

Pero ¿y si vemos los resultados?

Lo que hemos visto es que media docena de “partidos obreros” han usado estos espacios de democracia burguesa para buscar el desarrollo de las opciones políticas obreras revolucionarias, contando para ello con un gran acervo ideológico y político. ¿Y qué es lo que he visto, mirando desde acá?

He visto que entre esas corrientes se desata un conflicto por quién es el candidato a presidente!!!! de un espacio político que tiene el 3% de los votos!!! Y ese conflicto invade todo. ¿Eso es la utilización revolucionaria del espacio de la democracia burguesa?

Supongamos que a esta práctica real y visible le agreguemos todo lo que se quiera en pronunciamientos revolucionarios, denuncia de la farsa democrático-burguesa, etc. ¿Qué sentido tiene? ¿Cómo lo puede ver la gente común y corriente a la que está dirigido el mensaje? Y con eso llegamos a los resultados que llegamos. No se puede esperar otra cosa.

Pero las cosas no se explican por los resultados, los resultado solamente dan cuenta de que hay cosas que quedaron atrás, que se nos escaparon, y que nos estaban esperando emboscadas en el camino. Y si no se empieza por explicar eso ¿qué sentido tienen todas las polémicas sobre todo lo otro, y quién tendría razón? Y si alguien quiere explicar esto, por favor que su explicación no sea que hay otro que le está saboteando el verdadero trabajo revolucionario.

Lo que encuentro más rescatable de la nota de Astarita es que recuerda esta frase del viejo Wilhelm Liebknecht:

Así como el camino del infierno está sembrado de buenas intenciones, el camino de la derrota está sembrado de ilusiones”.

​Notas:

  o    fernando moyano