Vivir en una zona que es sacrificada en nombre del desarrollo significa eso: vivir en sacrificio, respirando, bebiendo y comiendo muerte. Nos dicen que no saben, que hay que hacer estudios y que todo lo que hacen es amigable. Mentira. Nos tapan con mentiras.

Esta vez, las voces son del pueblo de San Francisco de Chiu Chiu, tierra ancestral Lickanantay en el Alto Loa del Desierto de Atacama. Si las personas llegaron aquí hace miles de años, aprendiendo a dominar la geografía y su rudo clima para sobrevivir, sólo desde 1915, comenzaron a contaminar de forma acumulativa, primero el Salar del Indio y luego el Salar de Talabre, vertiendo en sus aguas, las aguas sucias de la minería. Hoy es una gran área de 65 kilómetros cuadrados y se ubica a tan sólo 5 kilómetros de Chiu Chiu y a 6 kilómetros de Calama, en el norte de Chile.

Ellos, comenzaron a vaciar sus deshechos directamente a los salares, y se estima que en los próximos 50 años vaciarán 200 mil metros cúbicos diarios, con el proyecto RT Sulfuros II, de la División Radomiro Tomic, de la Corporación del Cobre de Chile, Codelco.

¿Qué pasa con las napas subterráneas, con las aguas que sostienen los frágiles ecosistemas que resisten en el millón de veces llamado “desierto más árido del mundo”? Las aguas ya están contaminadas. Es una realidad. Y lo seguirán haciendo.

Empresas contaminantes desde 1915 a la actualidad:

Guggenheim Bros.
Chile Copper Co.
Anaconda Co.
Chile Exploration Co.
Codelco Chile – División Chuquicama
Codelco Chile – División Ministro Hales
Codelco Chile – División Radomiro Tomic