Pido al lector que le tenga un poco de paciencia a mi inclinación a pensar con categorías.

Podrá ser medio pesado pero creo que es la que sirve. Con esta nota me ha pasado algo raro, por un a vez la tortuga uruguaya es una liebre que no me da ni tiempo a escribir; la veo venir, quiero sacarle una foto antes de que llegue, pero cuando tengo la foto lista ya pasó.

En el contexto de este trabajo decimos golpe blanco en sentido de autogolpe por vía blanda, cambio de alineación y de anclaje del gobierno promovido desde arriba, rompiendo su base.

Como Alexis Tsiripas. Esto tiene un costo político partidario y parlamentario, un quiebre y pérdida de sustentación que se compensa recurriendo a la “oposición”.

Guarimba, en un sentido genérico, quiere decir acá la presión extra-institucional por acciones de masas hechas contra un gobierno “de izquierda” por una oposición de derecha tradicional que recurre a métodos de movilización típicos de la izquierda.

Más allá de un cierto punto, la guarimba podría ser “Maidan”, violenta y derrocamiento del gobierno como en Ucrania en febrero de 2014. No ha sido el caso de América Latina.

Nuestro continente vive hoy un ciclo de gobiernos socialdemócratas que se abre al finalizar el Siglo XX por el agotamiento social, económico, político, partidario e ideológico que ocasionaron los gobiernos neoliberales previos desgastando las formas políticas tradicionales de la derecha, antes que la conciencia de clase los explotados y sus formas orgánicas estuviesen en condiciones de una ruptura revolucionaria anti-capitalista.

Ese hiato crea una situación ambigua, una especie de bonapartismo: lo viejo ya no está en condiciones de continuar pero lo nuevo aún no está en condiciones de remplazarlo. Esto explica también esta mezcla de cosas parecidas pero diferentes, doble disfraz o travestismo cruzado. Son variantes dependientes de cada correlación de fuerzas concreta.

Lo general en los gobiernos socialdemócratas es su ciclo. La socialdemocracia apuesta a una conciliación provisora de fuerzas sociales antagónicas, propias de una coyuntura de debilidades mutuas.

Muy esclarecedor sobre lo que es una socialdemocracia, en particular por sus categorías conceptuales, es el discurso de Rosa Luxemburgo en el Congreso Fundacional del KPD (Partido Comunista Alemán) el último día de 1918, un diagnóstico y pronóstico negativo sobre la República de Weimer en la Alemania revolucionaria que apenas estaba naciendo y ni tenía aún ese nombre.

Rosa fue asesinada quince días después. La degradación inevitable de la socialdemocracia y su capitulación en escalada que lleva al acceso del nazismo, llevó quince años.

Hoy un proceso similar en América Latina. Aunque no sepamos de qué lado se inclinará la balanza al final, quién ganará de los dos bandos sociales antagónicos, sabemos quién perderá.

No hay posibilidad de resolver la contradicción social básica por la vía de la conciliación de clases, el estrechamiento de la base de la socialdemocracia es inevitable. Este ciclo tuvo por base una expansión en la retención del excedente económico, permitiendo algunas formas parciales de redistribución.

Pero esa coyuntura fue posibilitada por turbulencias en la economía capitalista mundial, y ahora esas mismas turbulencias tienen consecuencias contrarias para América Latina, el ciclo se termina y el tiempo de la socialdemocracia también.

No vamos ahora profundizar en todos los aspectos de esto, solamente estamos repasando el concepto general. Pero señalamos que esa redistribución ha sido en parte económica y en parte meramente política; en parte material, en parte simbólica, y en parte prometida y postergada.

Recordamos lo que decía Marx sobre la mercancía, “cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema”. Si no lo modifica, al menos crea un nuevo problema cuando la fantasía se cae y el estómago sigue chillando. Es el final de este ciclo socialdemócrata en el continente.

Veamos algunas variaciones. Panamá y Honduras no llegaron a empezar. Paraguay terminó muy pronto. Son casos de debilidad histórica de las fuerzas sociales en que podría apoyarse un proceso de socialdemocracia.

La derecha no ha tenido, por las mismas razones, que recurrir allí a dispositivos de protesta tipo “guaribas” o similar, ni tampoco podría hacerlo.

En Paraguay, a la inversa, la protesta social ha sido atisbo de una verdadera rebelión popular, el gobierno Lugo recurrió a la represión (como todos estos gobiernos según los casos) y la derecha aprovechó esa puerta abierta para quitárselo del medio.

En el otro extremo Bolivia, el caso en que la socialdemocracia latinoamericana actual ha podido avanzar más, en todo el coninente. El gobierno Evo muestra pocos signos de desgaste, lo que contradice la versión de que todo gobierno de base popular se desgasta por el ejercicio del poder, se desgastan si no cumplen. Podemos entrar en la particularidad de Bolivia, pero no hoy.

Venezuela, Brasil, Ecuador, en parte Argentina, son gobiernos en desgaste, asediados (y Chile, pero del otro lado), que enfrentan protestas sociales masivas.

No tiene sentido pretender distinguir en ellos entre “verdaderas” y “falsas” izquierdas, Son socialdemocracias, y sus variaciones se explican por la forma distinta que asumen los antagonismos sociales que tratan de sortear, sin resolver.

Las protestas sociales que enfrentan tienen distinto signo. Hay protestas populares verdaderas, pero también están las que en su FORMA recurren a los procedimientos históricos del movimiento popular pero su CONTENIDO responde a contenidos sociales diferentes.

El desgaste ha habilitado la rebelión de contenido burgués con formas de movilización de masas, la “guarimba”.

Todo esto ha sido solamente el marco para venir a Uruguay.

El limite de las posibilidades de la breve y superficial expansión de la actividad económica ya se está alcanzando. Ya es noticia pública la retracción económica del último trimestre. William Yohai adelantó el diagnóstico un par de semanas, creo. No es poca cosa.

No habrá guarimbas en Uruguay.

No hay condiciones para eso, pese a que algún trasnochado lo proponga. (El economista Ignacio Munyo, de la Universidad de Montevideo, en “Código País”, por ejemplo).

Salvo alguna protesta espontánea por “inseguridad” que no tiene alcance social, la calle es terreno exclusivo del movimiento popular.

Las movilizaciones de masas son luchas sindicales reivindicativas, y las tradicionales movilizaciones masivas por derechos humanos.

Muy diferente es lo que pasa con la otra estrategia alternativa de la derecha que hemos señalado: el “golpe blanco”. Vamos a detenernos en este punto.

En una nota pasada, contestando a Adolfo Garcé, escribí:

“Garcé no nos da una solución explícita, pero resulta obvia. Tabaré debe ser remplazado por un líder de verdad. Los líderes son la solución, los partidos son un lastre. Las tensiones internas del FA son producto de la debilidad del liderazgo. Con un fuerte liderazgo, el gobierno podrá realmente resolver los problemas de nuestra sociedad, los distintos sectores sociales moderarán sus pretensiones, la economía volverá a crecer”.

Yo creí estar haciendo una caricatura, pero me equivoqué. Resultó ser una pintura realista de la propuesta que levanta hoy explícitamente la derecha.

Y cuando mi nota fue publicada, la noticia del día en la prensa de derecha era, por ejemplo: “FA pretende dar nueva concesión a docentes en contra del planteo oficial. Bancada oficialista quiere eliminar artículo que estableció el gobierno”. (El Observador, 15 de setiembre).

En el programa “Código País” ya citado (mismo día) el llamado abierto al “golpe blanco” era el planteo del politólogo Daniel Chasquetti.

Que Tabaré Vázquez deje de someterse a las resoluciones orgánicas del FA y pase a gobernar sobre la base de un acuerdo entre el ala astorista (minoría en el FA) y los partidos Nacional, Colorado, e Independiente, partidos que están ya haciendo ese mismo llamado.

Como ya dijimos, es el modelo Alexis Tsiripas. Varios temas se usan para proponer este giro, como ha sido el caso del intento de declaración en el Senado sobre la prisión del venezolano Leopoldo López.

Chasquetti aclara que en su opinión, su llamado quedará en saco roto, y estoy de acuerdo. No va a ocurrir semejante giro en forma abierta. Lo que sí ocurrirá, por ahora, es lo siguiente:

La oposición burguesa tradicional (blancos, colorados, “independientes”) seguirá haciendo llamamientos y quejas sobre la “dictadura del FA”.

Las contradicciones políticas dentro del FA seguirán aflorando. Hemos visto (también, de nuevo, precipitándose los hechos sin que este pobre comentarista tenga tiempo de terminar de escribir sobre lo que pasa, por esta maldita manía de pensar en categorías) la polémica abierta dentro del Partido Socialista entre Daniel Olesker y Álvaro García.

No es raro, porque ese partido siempre fue un “partido partido”, o sea compuesto por fracciones diferentes y contradictorias que actúan en política cada una por su cuenta.

En vez de romper el FA, la cúpula “vazquista” usará esa posibilidad como elemento de presión para “correr a los ponchazos”, aun siendo minoría, a la disidencia dentro del FA con la amenaza.

Como lo dijimos también en una nota previa con una cita del maestro ajedrecista Aaron Nimzovich: “La amenaza es más fuerte que la ejecución de la amenaza”. La ventaja con la que cuenta para eso es que el “ala izquierda” del FA no es como el ala izquierda de Syriza, han tardado DIEZ AÑOS en empezar a rebelarse.

¿Por qué? Porque recién ahora la realidad empieza a acuciar. Si no fuese así seguirían, salvo honrosas excepciones, de soldados tranquilos.

La “bonanza” les permitió hacer la plancha esos diez años, y, como también lo señalamos en una nota anterior citando al antropólogo del materialismo cultural Marvin Harris, fueron soldados tranquilos porque “los almacenes… estaban pensados para tener contenta a la gente y asegurar su lealtad: Así como la rata no abandonará la despensa, la gente no abandonará al rey mientras crea en la existencia de la comida en su almacén”.

(Perdone de nuevo el lector esto de andar repitiendo lo que dije antes, pero podrían no creerme que ya había comenzado a decir esto antes de que pasase).

Ahora están presos de esa cobardía, y al mismo tiempo la realidad los acorrala.

La bomba ya está haciendo tic-tac..?.

— ofernando moyanoFernando Moyano