Cuando el proceso penal contra Héctor Amodio Pérez parecía trancarse en un callejón sin salida, el testimonio de una ex presa política puso el foco en lo que se investiga: su colaboración en actos de tortura.

nota mauricio

Por Mauricio Pérez

Alba Antúnez, una de las principales dirigentes del MLN–Tupamaros, había sido detenida y era interrogada por efectivos de las Fuerzas Conjuntas. Como era habitual en la época, el interrogatorio se realizaba bajo tortura. Pero en un momento cayó la venda que cubría sus ojos y la torturada pudo identificar a algunos de los participantes en la sesión. Entre todos los militares, ubicado en la puerta, apoyado contra el marco, estaba uno de sus compañeros en la organización, vestido de militar ycontemplando la escena. Era Héctor Amodio Pérez.

El testimonio de Antúnez es uno de los más relevantes de la indagatoria penal contra el ex dirigente tupamaro. Esto se debe a que la indagatoria no se ocupa de su “traición” al MLN ni de la entrega de información a integrantes de la OCOA y a los servicios de Inteligencia del Ejército activos en el Batallón Florida en los años previos al Golpe de Estado, sino su posible intervención en actos de tortura, tanto en el aporte de información sobre qué preguntar en los interrogatorios ,como en la identificación de personas que serían torturadas luego de su detención.

Y Antúnez, quien presentó una denuncia penal contra Amodio el mismo día en que este llegó a Uruguay,aquel ahora lejano viernes 7 de agosto, lo ubica en ese lugar: dentro de una sala de interrogatorio. Antúnez fue una de las últimas personas en declarar en la causa, antes de que la jueza Penal de 16º Turno, Julia Staricco, remitiera el expediente a la fiscal Estela Llorente para que fije su posición en el proceso.

Su testimonio cobra relevancia porque coincide con el aportado por los militares Orosman Pereira y Asencio Lucero, ambos integrantes del Batallón Florida, quienes declararon que Amodio hizo algo más que acomodar papeles: dijeron que realizó, junto a personal militar, rondas de identificación de militantes del MLN-T y que participó de interrogatorios a sus ex compañeros.

El problema del Batallón Florida es que allí se detuvo a Amodio Pérez, quien ayudó muchísimo y ayudó a detener personas”, afirmó Pereira. Y continuó: el Batallón Florida era un depósito; no se las interrogaba, interrogaba Amodio Pérez en el propio batallón. Habría algún oficial”. “¿Cómo hacía Amodio Pérez el interrogatorio?”, le preguntaron. “No lo sé, supongo que él le entregaría la información al capitán Calcagno; no recuerdo con quién estaba, porque yo no participaba”, declaró.

Precisamente, fue con base en el testimonio de estos dos militares que hace más de un año el fiscal Carlos Negro (en subrogación de la Fiscalía Penal de 10º Turno) reclamó la citación de Amodio Pérez y de su ex pareja, Alicia Rey Morales, para recabar su testimonio. Ahora se suma el testimonio de Antúnez, una de las nueve “rehenas” de la dictadura, lo que complica la situación procesal de este hombre que llegó a Uruguay por 24 horas para presentar un libro y lleva más de veinte días deambulando por los estrados judiciales.

Testimonios tupamaros

“¿Por qué nunca lo torturaron? ¿Por qué nunca estuvo preso junto a sus compañeros del MLN?”, fueron algunas de las preguntas que Amodio no pudo contestar a la jueza Staricco, durante sus reiteradas comparecencias ante la Justicia. Brindó un sinfín de explicaciones, pero ninguna resultó creíble, sobre todo después de que el mayor Armando Méndez –quien organizó los papeles de la OCOA en el Batallón Florida en 1972– afirmara que Amodio “hablaba solo”, sin necesidad de presiones de ningún tipo.

Pero Amodio y Méndez no fueron los únicos en declarar ante la Sede. La indagatoria penal contra Amodio contó también con la declaración de algunos de los principales dirigentes del MLN. La jueza Staricco interrogó al senador y ex presidente José Mujica, al ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, a Julio Marenales y a Mauricio Rosencof. El testimonio más relevante fue el de Marenales, el único que ubicó directamente a Amodio como partícipe de un acto represivo.

Según Marenales, Amodio participó en el operativo de su detención: “Lo único que puedo afirmar categóricamente es que él me señaló a mí […]. Estaba arriba de un ‘camello’ [una camioneta militar], no debería estar paseando. Él me señaló y me tiraron catorce tiros; tengo tres arriba, pero aquí estoy”, afirmóMarenales al salir del Juzgado.

Pero no fueron los únicos integrantes del MLN que declararon. También lo hicieron Pascual Quartini, Julio Listre y Carlos Martell, quienes también acusaron a Amodio de participar en los operativos de su detención. Dos de ellos, Quartini y Martell, tuvieron la posibilidad de enfrentarse cara a cara con el acusado de traidor, en una instancia de careo.

Se trató de una audiencia tensa y removedora en la que regresaron las historias del pasado y en la que cada parte mantuvo su posición, dijeron fuentes judiciales a Caras y Caretas. Amodio negó y negó las imputaciones en su contra, dijo que nunca participó en operativos y que las acusaciones eran falsas. Los integrantes del MLN insistieron en que los habían detenido durante un contacto y que Amodio los había señalado.

Según dijeron las fuentes, cuando comenzó el careo con Quartini, Amodio le preguntó quién era, porque no lo reconocía; Quartini le contestó, Amodio pareció recordar, y discutieron, cada uno con su versión. El careo con Martell fue más minucioso, con más detalles sobre hechos e historias de la organización, de la clandestinidad y de la caída, pero siempre con la misma tónica: dos versiones encontradas y antagónicas.

Con esto sobre la mesa, la fiscal Llorente deberá analizar las versiones aportadas por todos los declarantes y definir si decide formular imputación contra Amodio, cuyo abogado, Andrés Ojeda, pidió la clausura de la causa al amparo de la ley de amnistía, una estrategia que “difícilmente” tenga andamiento, según las fuentes. De momento está claro, incluso por su propia confesión, que colaboró con los militares en el análisis de documentos y el aporte de información; será el estudio del resto de las probanzas lo que determinará si hay elementos como para imputarlo por su participación en actos de tortura, lo que Amodio niega.

Pero un dato que no pasa inadvetido es que la fiscal Llorente ya se expresó en varios expedientes por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, y tiene opinión formada a favor de la imprescriptibilidad de los delitos perpetrados en ese período. Por eso, si finalmente se dispone el archivo de la causa, será porque no se encontraron pruebas de cargo en su contra, y no por el paso del tiempo.

Su vida en España

Amodio Pérez y su compañera, Alicia Rey Morales, abandonaron Uruguay con la documentación falsa que les entregó el general Esteban Cristi, entonces jefe de la División de Ejército I. Sus documentos estaban a nombre de Walter Salvador Correa Barboza, que fue el nombre con el que ingresó a Uruguay para presentar el libro con “su” verdad. La identidad actual de Alicia Rey todavía es un misterio. Con esos papeles llegó a España, en épocas del generalísimo Francisco Franco, e inició su vida en la clandestinidad. Obtuvo la ciudadanía legal y se le entregó un pasaporte.

En España, Amodio utilizó los conocimientos adquiridos durante su paso por BP Color y se insertó en el mundo de la imprenta. Bajo el nombre de Walter Salvador Correa Barboza participó en la creación de tres empresas dedicadas a brindar servicios de “preimpresión y preparación de soportes” y de “artes gráficas y reproducción de soportes grabados”. La última de esas empresas es Walbosque SL –creada en 1999–, en la que se desempeñó junto a su actual pareja, Celia del Bosque Cortés, a quien conoció luego de romper con Rey Morales, con quien, pese a todo, aún mantiene un vínculo personal.

La empresa está instalada en calle Torregrosa 10-28043, en Madrid. Se dedica a actividades anexas a las artes gráficas, así como a otras actividades de impresión y grabados de placas para imprenta. En abril de 2003 quedó establecido que Del Bosque sería la administradora y Amodio, o, mejor dicho, Walter Correa, sería el apoderado.

Su clandestinidad durante más de cuarenta años no le impidió militar políticamente. Lo hizo en Izquierda Unida (IU), donde obtuvo un cargo de coordinador de la fuerza política en su localidad. Además, su actualpareja fue electa concejala de Cobeña, en representación de IU, en la última elección. Walter Correa incluso participó de un spot publicitario en respaldo a los candidatos de la IU, bajo el slogan “Los vecinos de Cobeña somos protagonistas”. Sin embargo, cuando vuelva a España, en caso de que tenga la posibilidad de volver, lo hará con su verdadero nombre, ya que la Dirección Nacional de Migraciones le suministró su nueva cédula, y Amodio volvió a ser Amodio.

Amodio, “el torturado”

Pero en España, en la pequeña y apacible localidad de Cobeña, donde Walter (Amodio) vivió los últimos años, no todo fue tranquilidad. También tuvo problemas, algunos más relevantes que otros. Por lo menos, así lo refleja una “Carta al Director” enviada por el propio Amodio a un medio local, en diciembre de 2009, en la que hacía referencia a las “torturas” a las que era sometido por los ladridos de un grupo de galgos que vivían en una casa vecina.

Walter afirmaba en la misiva que diversos estudios establecen que una exposición “a ruidos de 75 decibeles constituye una agresión y su reiteración, una tortura”, y parecía rememorar, en algo, en esas líneas, lo que ocurría en los cuarteles de la dictadura uruguaya. Walter argumentaba contra los ruidos recordando que “en la década de los 50 el Ejército francés lo empleó para torturar a los presos argelinos y lo mismo hicieron los ejércitos de todas las dictaduras latinoamericanas”.

“Es un método de tortura muy eficaz y económico, ya que sus víctimas caen en un estado de estrés insoportable. Sólo hace falta un balón, una moto, un aparato de radio o televisión, una jauría de perros y una gran dosis de desprecio hacia los vecinos. Considero este desprecio un elemento fundamental, ya que si existiera [respeto], aunque en forma mínima, esa tortura no la estaríamos padeciendo”, expresó Walter.

La carta denunciaba que desde hacía cuatro años, él y sus vecinos venían “soportando los ladridos y aullidos de una jauría de galgos que malviven anexos a mi vivienda”. Y agregaba: “Durante estos años intentamos, inútilmente, que el dueño de los galgos dejara de torturarnos”. Como no tuvo éxito en gestión ante el vecino, Amodio (Walter) pensó en presentar su caso ante la Defensoría del Pueblo local, para no tener que tomar medidas por cuenta propia.

La campaña de Celia

Hace algunos días, Celia Del Bosque inició una campaña mediática para lograr la liberación de Walter, el hombre con el que mantiene una relación desde hace muchos años. Recordó que el MLN “lo tiene condenado a muerte desde 1972” y pidió a la Justicia uruguaya y a la española que eviten “otro caso tan lamentable como el de Pascasio Báez”. Pero menos de 24 horas después un integrante de IU dijo que su sector no acompañaba esta campaña, y que no reclamarán la libertad de Amodio. “Si el señor Héctor Amodio cree en la división de poderes y en la democracia, tendrá que someterse a ella”, dijo un vocero de la IU.

Morir en Madrid

Por A.G.

La versión de Héctor Amodio Pérez de la historia reciente es igual a la versión de José Nino Gavazzo y de los energúmenos de Domingo Arena. Es más: Gavazzo y Amodio dan la misma versión. La conexión de Amodio con la CIA y el Mossad ha sido mencionada por diversas fuentes. El periodista Álvaro Alfonso dice haber visto o tener cartas de Amodio al fallecido general Luis Queirolo, escritas desde su exilio en Madrid. Otros dicen haber visto correspondencia entre Amodio y Campos Hermida. Se conocen varias direcciones de Amodio en Madrid. En 1993 vivía y tenía su imprenta en la calle Alfar, una calle de sólo tres cuadras. Se hacía pasar por un pintor chileno y estaba protegido por los servicios españoles. Corrían rumores de que recibía plata de su tío Marcos y de que falsificaba documentos. Posteriormente vivió en la calle Tomasa Ruiz, en el noroeste de Madrid. A pocas cuadras, cruzando el Río Manzanares, en la Plaza de Pañuelas, vivía Alicia Rey Morales. Ahora Amodio vive en Cobeña, un pueblito a treinta minutos de Madrid. Al parecer, está jubilado. Está casado con Celia del Bosque, una concejala de Izquierda Unida de ese Municipio, al parecer obrera gráfica. Una empresa, Walbosque, fundada en 1999, figura a su nombre. Se dedica a operaciones inmobiliarias y factura entre 500 mil y un millón de dólares al año. Mito o verdad, se le ha vinculado al narcotráfico, a la represión a la ETA y a otras operaciones especiales. Su imagen, en un reciente video publicitario de Izquierda Unida, más se parece a la de un anciano jubilado que al del protagonista intrépido de una vida de novela. El video de su mujer en la campaña electoral inspira pena, y da la sensación de que se trata de una esposa engañada que creyó una historia inverosímil que pocos puntos de contacto tiene con la verdad. Si los cuarenta años pasados fueron cubiertos por la sombra, el futuro de Amodio será también probablemente a la sombra, en Uruguay o en España.

Fuente: http://www.carasycaretas.com.uy/