El único oficial en actividad condenado a prisión por un crimen cometido en la dictadura falleció el mes pasado en el Hospital Militar. Militares, periodistas y políticos han vuelto a insistir –o insinuar– que Miguel Dalmao fue procesado “sin pruebas”. Brecha entrevistó a Guianze para repasar los fundamentos de la condena al general.

04 - Guianze - Foto OSCAR BONILLA - Archivo

Mirta Guianze / Foto: Oscar Bonilla, archivo

Como fiscal en 2010, Mirtha Guianze –actual presidenta de la Institución Nacional de Derechos Humanos– pidió el procesamiento con prisión del general Miguel Dalmao y del coronel retirado José Chialanza por el homicidio en 1974 de la militante comunista Nibia Sabalsagaray. Dalmao, único oficial en actividad condenado a prisión por un crimen cometido en la dictadura, falleció el mes pasado por una afección respiratoria en el Hospital Militar. Desde entonces militares, periodistas y políticos han vuelto a insistir –o insinuar– que fue procesado “sin pruebas” por el juez penal Rolando Vomero –que hizo lugar al pedido de Guianze– y por la jueza Dolores Sánchez, cuyo fallo condenatorio fue ratificado luego por tres ministros del Tribunal de Apelaciones (Bernadette Minvielle, Julio Olivera y Eduardo Borges). Brecha entrevistó a Guianze para repasar los fundamentos de la condena a Dalmao.

—¿Qué elementos manejó en 2010 para pedir el procesamiento de Miguel Dalmao por el homicidio de Nibia Sabalsagary?

—Primero estaba probado que Nibia fue detenida en la noche del 28 al 29 de junio de 1974 y que fue conducida al Batallón de Trasmisiones número 1, de Casavalle. El mismo 29 se avisó a la familia que había fallecido. Ahí hubo múltiples contradicciones de todos los militares que declararon, tanto en aquel momento como después. Decían horas de detención diferentes, o no estaban al tanto, o no sabían a qué hora llegó al cuartel o en qué hora fue encontrada muerta. Ahí están las contradicciones más grandes. Lo que sí está admitido por el propio Dalmao es que él la encontró muerta y él dio aviso de la muerte.

—¿Qué rol tenía Dalmao?

—Lo que quedó absolutamente probado fue que Dalmao estaba a cargo del S2 (unidad de inteligencia militar encargada de la “lucha contra la subversión”) y tenía, entonces, la responsabilidad de los interrogatorios de los detenidos, porque sólo el S2 podía acceder a ellos. En ese momento Dalmao era quien decidía cómo se hacían los interrogatorios y quiénes participaban, en acuerdo con el jefe del cuartel (José Chialanza, también procesado). Varios presos y algunos militares declararon que Dalmao estaba en los interrogatorios. Otros se refieren a un alférez o a los alféreces, porque había dos.

—¿Cuáles fueron las contradicciones de Dalmao ante la justicia?

—El testimonio de Dalmao, tal como lo prestó en aquel momento y lo fue ratificando en las sucesivas declaraciones con abogados presentes –primero declaró por informe como testigo y después fue declarando como indagado– tenía contradicciones. Dijo que había encontrado a la detenida arrodillada en el piso colgando de un pañuelo por el cuello. Eso era físicamente imposible porque el gancho del que supuestamente se había colgado estaba a 1,80 metros del suelo, o sea que para que una mujer colgada estuviera arrodillada tendría que medir más de dos metros. Nibia medía 1,65 metros. Eso se comprobó por mediciones que se hicieron al comparar fotos con su hermana en el Instituto Técnico Forense y en la Policía Técnica. Además, los testimonios de Dalmao, tanto como alférez en ese momento como después como general, no coinciden con las declaraciones de los demás militares en muchos aspectos, y tampoco con los testimonios de los detenidos que estaban en el cuartel.

—¿En qué aspectos no coincidían?

—Hubo quienes comentaron que al “cabezón (Dalmao) se le fue la mano”. Esa expresión circuló en el cuartel y la escucharon algunos presos, como si la muerte hubiera ocurrido en la madrugada del 29 por torturas. Dalmao, sin embargo, dice que la encontró muerta al mediodía, cuando el toque de diana o toque de rancho, que fue a la 1 de la tarde del 29. Sin embargo, a esa hora ya habían llamado al médico (Alberto Sitkewich). Y cuando llegó el médico, un pediatra que atendía a los niños y soldados de la unidad, le mostraron una mujer tendida en el camastro y no llegó a ver el ahorcamiento. El médico dijo que el cuerpo estaba frío, o sea que para él la muerte había acaecido varias horas antes. Nadie supo decir qué hacía esa mujer en ese lugar. Es increíble que hayan traído una a mujer detenida, haya muerto en el cuartel, y que ni el jefe del cuartel, ni el del S2, ni nadie, supiera para qué fue traída ni que había muerto.

—¿Qué otras pruebas manejaron?

—Se hizo una autopsia histórica con un equipo multidisciplinario y una autopsia psicológica. Hubo además un informe del médico forense del Poder Judicial (Domingo Mederos), que fue interrogado por la defensa, y nos dio la pauta de que las cosas no podían haber sucedido de esa manera. Es extenso de relatar, pero el surco en el cuello de Nibia que aparecía en las fotos no era compatible con un surco de ahorcamiento. Además, la autopsia que realizó José Mautone, el médico que hacía autopsias en aquel momento (1974), habla de que se ahorcó con una soga. Pero en otra parte hablan de una media. Y Chialanza (jefe del cuartel) dijo que era un pañuelo de seda que ella lo había torneado hasta hacerlo como una cuerdita, y que se había roto, pese a que según las fotos era un pañuelo de seda grueso, de los que se usaba en esa época. Es decir que se habló de media, de cuerda y de pañuelo de seda.

—¿Qué información le solicitaron al Ministerio de Defensa?

—Al Ministerio de Defensa se le pidió información a lo largo de todo el expediente. No tenía registros sobre los motivos de la detención de Nibia ni informó qué personas revistaban en ese momento en el cuartel. O sea que llegamos a estas personas por información que se fue recabando, como siempre, por las víctimas. Y porque había un expediente hecho por la justicia militar en 1974 en el cual también había contradicciones flagrantes y donde se había relevado el calabozo fotográficamente. Quisimos hacer una inspección con Vomero, pero habían demolido el calabozo.

—El abogado de Dalmao, Miguel Langón, basó su defensa en que se trataba de un suicidio, sin embargo la justicia probó que fue torturada. ¿Cómo?

—El cuerpo lo entregaron, como hacían ellos, con el ataúd cerrado y no permitieron abrirlo. La familia se lo llevó a Juan Lacaze y trataron en distintos lugares de que otro médico le hiciera una autopsia, pero nadie quiso arriesgarse. Marcos Carámbula, que se estaba por recibir de médico, accedió a mirar el cadáver de forma clandestina y en presencia de otros testigos. Observó lesiones y hematomas, o sea que había sido torturada. El surco que Carámbula describió se lo relató a Julio Arzuaga, médico forense grado 5 en aquel momento, quien concluyó que podría haber fallecido por submarino seco. Pero además quedó bien probado en el expediente que en ese cuartel se torturaba intensamente. Dalmao y Chialanza dicen que no sabían por qué habían llevado al cuartel a esa muchacha. Chialanza suponía que en medio de los nombres que habían surgido pudo estar el de Nibia, y por eso habría sido detenida. Incluso Dalmao dice que Nibia no llegó a ser interrogada, a pesar de que estaba toda lesionada. Habló de una “madeja”, una operación planificada por la subversión cuyo objetivo podía ser el propio cuartel, y dio una conferencia sobre el éxito de la operación disuasiva que habían hecho ellos para desmantelar esa “madeja”.

—¿Por qué se pasó de procesar a Dalmao de coautor a autor de un homicidio especialmente agravado? ¿Aparecieron más pruebas cuando pasó al tribunal de apelaciones?

—Cuando pedí el procesamiento por coautoría lo hice porque me quedaba claro que Dalmao, por lo menos, estaba en el grupo de personas que la torturaban, si es que fue más de una. Los comentarios que hubo en el cuartel, cuando decían “al cabezón se le fue la mano”, eran que Dalmao la torturaba. También lo vieron salir del calabozo, además de otros indicios. En ese momento no dije si fue Dalmao el ejecutor único, pero sí que estaba en el grupo que torturó. Eso lo hace coautor, que tiene la misma pena que la del autor.

Lo procesó el juez Rolando Vomero. Intervine luego en la ampliación sumarial donde se pidió documentación que apareció en la investigación histórica, y también pedí el testimonio de un militar retirado que se ofreció a declarar cómo era el sistema en el cuartel.

Ahí tenía la convicción de que, cuando acusara, lo haría como autor. Pero cuando llegó el momento de la acusación yo ya no estaba.

Y el que lo acusó como autor fue el fiscal Carlos Negro, y quien lo condenó fue la jueza Dolores Sánchez. Cuando se apeló, la fiscal fue María Camiño, y los ministros del tribunal de apelaciones consideraron que quedaba probado que Dalmao había sido el autor. O sea, intervinieron muchas personas y todas opinaron igual.

—En 2011 Fernández Huidobro opinó que Dalmao era inocente y José Mujica lo visitó luego de que fue procesado. ¿Colaboró el gobierno, con esos gestos, en echar un manto de sospecha sobre la justicia?

—La visita de Mujica es algo que no entiendo mucho, pero no me meto en eso. Capaz que porque era un general en actividad consideraba que había que visitarlo. Ahora, lo de Huidobro… A mí lo que me parece más raro es que la gente opine si era inocente o culpable como quien habla de un partido entre Peñarol y Nacional. Langón (abogado de Dalmao) presentó un escrito diciendo que Fernández Huidobro había opinado que su defendido no había sido el autor, y entonces pedía su libertad. Me dieron vista y dije que no era una cuestión de opinión. La culpabilidad o inocencia de una persona no es un tema de opinión. Hasta ahora no encontré a ninguno de los opinólogos y periodistas que haya leído el expediente para conocer las pruebas. Pregunté si tenía (Fernández Huidobro) algún elemento probatorio para hacer llegar al expediente, o que viniera a declarar o se le tomara declaración por informe para que la defensa concretara la petición, si es que tenía pruebas. Y no. Ahí tiraron para atrás, no lo trajeron a declarar ni declaró por escrito ni aportó nada al expediente. O sea, tuvo oportunidad para aportar elementos. Además, me interesa recalcar que Dalmao tuvo una excelente defensa en el sentido técnico y que la peleó hasta el final, porque era Langón con un equipo de abogados. Cada audiencia era como una manifestación, y Langón preguntaba muchísimo. Con Carámbula, por ejemplo, fue bastante agresivo. No fue, como dijeron, una instrucción apresurada, sino que llevó mucho tiempo. Se agotaron todas las diligencias y se agotó todo lo que pidió la defensa.

—¿Hubiera esperado otros gestos del Ejecutivo para no alimentar la idea de que Dalmao fue condenado sin pruebas?

—Por supuesto, de parte del ministro me parece que decir “opino que es inocente”…; lo puedo decir en conversaciones privadas, pero cuando estoy en un cargo público no puedo estar opinando sobre la inocencia o culpabilidad de alguien sin leer el expediente.

[/notice]Las amenazas de Purtscher

“La denuncia penal la tendría que haber hecho el Ministerio de Defensa”

—¿Cómo tomó las amenazas del general Purtscher contra usted y Vomero acerca de que los estarían persiguiendo y no dormirían en paz, o que fueron “corruptos” al recibir un “pago” político por la actuación judicial?

—Lo más grave son las amenazas. Y grave me parece que las autoridades no vean eso como algo grave. Habría que ver, además, si las amenazas son en sentido figurado o si realmente no tengo que dormir tranquila, porque toda mi familia me está preguntando eso. De cualquier cosa que me pase a mí o a mi familia tendré que hacerlos responsables a ellos, porque indudablemente hay una amenaza cuando me dice que no dormiremos tranquilos. ¿Lo dice por mi conciencia o porque alguno de ellos vendrá a hacerme algo?

—¿Por qué descartó hacer una denuncia penal o civil?

—Sobre la acusación de corrupta que me hace, nunca fui de hacer juicios por el honor, porque terminan siendo circos o juicios de prensa. Sobre las amenazas, Ariel Cancela presentó una denuncia penal. Pero creo que eso lo tendría que haber hecho el Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Defensa.

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