f7e668aaNo me arrepiento de nada (Gioconda Belli)f7e668aaDE

No me arrepiento de nada
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;


las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.

Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

 

 

La hora de crecer

Justo aquí
en el reposo de un sensata tristeza de otoño
,es cuando logro entender,
un poco mas la vida.
Cansado de reir ,
de contemplar mis manos de trabajo
de rutina,
de ver amaneceres claros,
de imaginar que la soledad
es un tiempo que se aferra a la libertad.
Empiezo a sentir el sabor amargo,
de los dias mas parcos.
Sentir la amargura
que tiene mi arte ,
mi ceguera,
mis malhumores cotidianos
mis viejos amores
sus rencores
su pasado interminable.
Rompo la formula de la alegria
y me regalo
mis mas maravillosos dias negros,
me regalo un sin fin de pensamientos negativos
que aveces no me dejan levantarme de la cama .
Vuelvo a ser feliz de una manera distinta.
A convivir
con la melancolía mas clara
de esta vida de aprendiz.
Llego la hora de mirar hacia el suelo
de caminar lento
llegar a una sensibilidad agobiante.
Llego la hora
,las mas fría de todas la horas,
la hora de creer que la soledad deja de ser libertad,
y se hunde en pensamientos existencialistas.
Empiezo a sentir
que las cosas que gane se llenan de polvo gris
que todos los triunfos son viejas fotos,
De a poco los amigos miraran con lastima
a una persona que invirtió sus horas en hacer reír.
Ya no alcanzaran tus besos ese lado del corazón,
que tan ágil latía para ti.
Sin esperarlo llego la hora de aprender a vivir .
de crecer para adentro mas que para afuera.
De escribir nuevamente
taciturno
fugándome del sol.
De ser de a poco un nuevo hombre
,sin dejar de ser aquel niño risueño de ojos claro
incansable de imaginación .

c.g.

Sábado; Abanico de Piernas

El sábado sin permiso, me asalta recurrente.
Su sabor me toma de la garganta
y corta mi suspiro.

Una vez llega no se donde colocarlo,
arrebata mi mente, mi sueño
expande mi corazón.

El sábado, clandestino, se cuela en mi rodaje.
Las imágenes,
exquisitamente salvajes,
atropellan mi deseo,
detienen mi vida.

Vestidor paraíso,
no me deja ni se calla,
ni se va,
ni se detiene,
ni quiero.

El sábado, encubierto me transporta sigiloso.
Su agreste belleza,
me estruja de placer.

Furtiva tibieza; piernas en abanico,
contiene la mas pura pasión,
el mas delicado hechizo.

Sábado, camerino y tu;
trinomio ilícitamente deseado.

El perfume de tu nucleo estrangula mis sentidos todavía,
tu rostro y sus sollozos
cantata perfecta.
Tus ojos cerrados,
abiertos al firmamento.

Espejos honrados con imágenes
fugazmente eternas,
mudos atestiguantes de la mas sublime entrega.

Instante propio y personal,
deseo que implora su trascendencia,
que pide su regreso.

Sábado delicado, intenso,
purpuramente esperado.
Aleacion de dos pasiones
en un solo cuerpo.
amalgama de dos cuerpos,
una sola pasión.

Sábado, regresa,
estrujarme hasta el desatino y el delirio.

Reúne a estas dos almas,
a estos dos cuerpos,
nuevamente,
en un solo gemido,
en un solo estertor.

—-

José Luis Mendoza Aubert

Poésie Érotique et Sensuel