A las 12:45 del 24 de diciembre de 2014, al terminar la convocatoria que Uruguay por Ayotzinapa hizo para romper una piñata contra el terrorismo de Estado en México, frente a la Embajada de dicho país, ubicada en 25 de Mayo, entre Treinta y Tres e Ituzaingó, se acercaron dos policías en motocicleta, pues “su jefe” quería saber cuánto más faltaba para terminar.

Respondimos que ya había terminado y nos retiramos del lugar. Caminando sobre Treinta y Tres los uniformados nos siguieron y nos marcaron el alto, primero en la esquina de Rincón, pero como continuamos subiendo por la calle, al centro de esta, entre Rincón y Sarandi, el mismo que preguntó cuánto faltaba, subió la motocicleta a la acera para impedirnos el paso.

De inmediato fuimos rodeados por cuatro policías, cercándonos el paso. Se nos dijo que “su superior quería hablar con nosotros” porque “había habido graffiti”, y que, si bien “estaba de acuerdo con lo que manifestábamos” su superior quería entablar un diálogo.

A los pocos minutos llegó un patrullero del que bajaron dos policías más, e inmediatamente después, una furgoneta de la que bajaron otros dos policías, estos, con toletes en mano y cascos antimotines.

Por detrás de la furgoneta, otra más, esta sin ninguna identificación oficial, con seis elementos uniformados de las mismas características que los últimos dos policías. Detrás de esa furgoneta llegó otro patrullero de donde bajó otro policía más.

En total eran casi veinte elementos para “hablar con nosotros”; elementos que detuvieron de manera ilegal al  grupo, conformado por estudiantes uruguayos y extranjeros, periodistas uruguayos y extranjeros, miembros de la comunidad artística uruguayos y extranjeros y defensores de los Derechos Humanos.

Al llegar los últimos elementos, entregaron a dos de los policías que nos detuvieron en primera instancia chalecos antibalas, mismos que se colocaron ahí.

Al cabo de unos veinte minutos nos dejaron ir, sin más explicaciones. Al irnos, la furgoneta sin identificación y un par de motociclistas nos fueron siguiendo hasta Sarandí y luego nos “encontraron” nuevamente en el siguiente cruce, Sarandí e Ituzaingó.

Durante el tiempo que estuvimos privados ilegalmente de nuestra libertad en la vía pública, por los radios intercomunicadores se escuchaba a otros elementos decir que “ya no están frente a la embajada”, “el graffiti no está sobre la embajada, está sobre la calle” y “sólo pegaron unas fotografías”, entre otras cosas.

Lo cierto es que fue un acto explícito de intimidación de parte del Estado Uruguayo que, a denuncia de la Embajada de México, criminaliza la protesta social pacífica. Si bien otras veces había sucedido que llegaran policías a la Embajada cuando realizamos actos de protesta, esta vez fue excesivamente violento: el despliegue de fuerza desmedido sólo buscaba intimidarnos, sembrar miedo, o quizás una provocación que incitara a que alguno de nosotros hiciera o dijera algo fuera de lugar para actuar.

¿En dónde están los Derechos Humanos?

24 de diciembre de 2014, Montevideo, Uruguay.

Uruguay por Ayotzinapa.