punta de rieles

Acabo de salir de la celda 1 del Sector E de Punta de Rieles. ¿Salí?

Ya no está ni Pitico, ni Mafalda, ni la Negra Edín, ni Aída, ni yo allí.

Miré por la ventana -por la que tanto mirábamos-, no a través de la tela sombra y las rejas que tiene hoy, sino a través de pequeños agujeros que hacíamos en la chapa que impedía ver hacia afuera.

Esos agujeros eran nuestro mirador. Desde él adivinábamos quien era, la forma de caminar, el número, el color del sector… nuestros ojos buscaban cualquier señal, cualquier pista para identificar quien era. Allí, por ese camino, se llevaban a las compañeras al calabozo. Nos conducían a la “Casita de muñecas” como denominaban sarcásticamente, los oficiales, a los calabozos de castigos. Allí sufríamos el más estricto aislamiento y hostigamiento, cuando veníamos de la tortura, las que recién eran traídas de cuarteles o de otras cárceles, o las que eran sancionadas, ellas-nosotras pasábamos por el camino que se veía desde el Ey D, ahí contra el alambrado que aún permanece en pie. Mi ojo colocado hoy en esa abertura aún pudo reconocer esa pequeña peregrinación hacia el aislamiento… un uniforme, las PMF, los soldados, cerrando el cortejo armados a guerra con fusiles.

Como símbolo tal vez de este tiempo, sobreviven las torres de vigías del penal junto a la impunidad, de lo que no se juzgó ayer ni hoy: este sitio convertido hasta hace unos años en lugar de entrenamiento de las tropas interventoras enviadas al Sinaí, a Haití, al Congo, ahora es una “cárcel de rehabilitación”, pero cárcel.

Un sitio geográficamente hermoso convertido en sede permanente de impunidades. Esa impunidad no medible en torturas concretas sino en la instrumentación de un sistema de destrucción sistemática. Política de devastación física- sicológica a través del trabajo forzado, a través de la vigilancia estricta a cada ser humano que estuvo allí. Nos secuestraron ahí, para ver nuestras debilidades, para estudiar cómo hacernos pedazos, para doblegar las voluntades revolucionarias. En fin esa impunidad ejercida desde Albornoz a Silveira, desde Alberto Barrabino y Armando Méndez al capitán Font.

Esa impunidad invisibilizada: de la cabo Batista, de la sargento Fernández, de la cabo De Melo, de Margarita Acevedo, de la Olimareña, de la Largo Largo y tantas más. Todas estas PMF, se convirtieron en personaje esfumados en el tiempo, que viven o vivieron como una vecina más en cualquier barrio. Nada de todo lo sucedido en ese sitio dio lugar a un juicio. Nadie juzgado. Nadie condenado.

¿Cómo hacer justicia por las muertes, por los desequilibrios, por los llantos y los sacrificios de los familiares que recorrieron durante casi una década el larguísimo camino desde Camino Maldonado a los portones del Penal? ¿Cómo hacer justicia con los hijos que eran desnudados y maltratados por las PMF que visita a visita los conducían hacia sus madres? Esas madres vestidas de grises que los esperaban haciendo de tripas corazón con sonrisas enormes, forzadas muecas entre el llanto y la emoción… cómo.

Ya no están ahí los calabozos de castigo: la Isla de Punta de Rieles- fue sustituida. A la estructura de dos aguas, le levantaron otro piso y hoy oficia de lugar de dirección de los jerarcas de los más de 500 reclusos actuales.

Pero los calabozos de aislamiento están, en la sugestión de los guardias actuales. En la leyenda que aún permanece. En los pasos que en las noches se oyen. En los golpes que nacen de las paredes y hoy no son descifrados por los oídos que los registran.

En los gritos que se descubren entre los ladrillos. En las botas que solas caminan en el corredor que quedaba entre el último calabozo y el baño, entre el baño y la reja de la guardia. Confiesan que aún están allí y se imponen, se hacen oír…

Los miedos tejen historias casi mágicas, entre los carceleros. Desde allí, hoy manda el mando del penal, desde allí, donde debíamos pedir para ir al baño y dónde muchas veces te lo impedía la soldado y te mojabas y te hacías encima, desde allí donde un silbo, una canción, un Morse te sacaba de la soledad del dos por tres, se define la política carcelaria hacia los presos actuales. Los hijos. Los nietos.Los vecinos de los barrios más pobres. Jóvenes-viejos. Nosotras éramos jóvenes-jóvenes.

Por eso tal vez aquello de la “Casita de muñecas” no solo se les ocurrió por el tamaño de las celdas sino por nuestras pintas: pequeñas, jóvenes mujeres conducidas entre fusiles al confinamiento.

Desde allí esperé muchas mañanas y atardeceres el toque de diana, para que me señalara el fin o el comienzo de otro día hasta saldar la sanción, diez, veinte, treinta, sesenta para volver al abrazo de las compañeras, que seguro nos esperaban porque detrás de las ventanas tapiadas había siempre un ojo esperando a las que volvían…

Ahí mismo, a veces el treparte a la tarima para otear el camino, los ranchos lindantes al Penal, el monte, era interrumpido por el grito de la soldado que sigilosa había intuido que estábamos expropiando un paisaje.

El penal está cambiado. Pero es el Penal. Otros seres lo habitan. Otros jóvenes. Estos muchachos, seguro, privados de sueños.

Casi con desesperación –nos seguían hablando sacando preguntas de las mangas–tal vez para que nosotras (las habitantes anteriores de esas paredes) les contáramos algo que les diera fuerza, algo que atenúe el drama que sufren. Estos nuevos dramas seriados, 41 años después.

El patio sigue ahí, donde colgábamos y cuelgan la ropa. Las piletas ya no están. Hay otros alambrados… La cocina igual, el mismo espacio dónde pelábamos las papas, donde se cortaba el mondongo, hoy se sigue picando y picando…

La Barraca 2 modificada, llena de reparticiones, nuevas celdas, pero allí están los baños y el sitio donde las PMF vigilaban. Allí está la presencia de Anita González, de Norma Cedres, asesinadas en esas Barracas; por una exprofesa omisión de asistencia. Y allí mismo, el tiempo pasa y no pasa.

Porque aún se pretende ahogar en la impunidad una verdad poderosa, pero que no termina de morir… Asesinato de estado es asesinato de Estado y tanto la Dra. Rosa Marsiscano como el Dr. Nelson Marabotto fueron responsables de sus asesinatos, porque las llevaron a la muerte, las dejaron morir y están impunes.

Y además porque cárcel es cárcel. Y la interrogante humana es ¿qué hacer con los sitios del horror? ¿Es ético que estos símbolos del sufrimiento sean “reciclados”, cómo nuevas cárceles para los pobres de hoy? ¿Es esto lo que merece la memoria de las resistencias que dimos cientos de mujeres durante más de una década?

Me sumo a la idea del abolicionismo de las cárceles. Por tanto me rechina que ahora se presente como un avance que no se maltrate a los presos, que se permita estudiar, que trabajen. Es más que obvio que entre este “sistema modelo” de Punta de Rieles y la cárcel de COMPEN, o Penal de Libertad, o cárcel de Rocha y muchas más esto para los presos es un alivio.

Pero no es mérito que los antiguos presos no maltraten, en una cárcel, a los presos de hoy. No los redime de tener las peores cárceles del mundo el tener sicólogos y seleccionar a 600 presos –entre los más de 10 mil- para volverlos al riel del sistema. No. La tremenda intemperie que rodea la vida de estos jóvenes a los que el sistema condenó mucho antes de que llegaran a sus cárceles solo merece que deseemos más pronto que ligero, abrir junto a ellos las puertas a otra sociedad.

Por supuesto que nada es más oscuro que pensar adonde ir al salir ¿adónde? Eso fue parte de la conversa sin duda, algo que alivia, “es algo”. Pero no es el mundo soñado, ese sueño ataca las causas de esta horrenda realidad de miles y miles de jóvenes condenados antes de nacer, al nacer, al crecer y al morir, tantas veces con una bala por la espalda. El paradigma por el cual estuvimos ahí presas era otro: la justicia social.

Muy lejana propuesta a la del rescatar algo de hoy…

En la celda 1, uno de sus habitantes, muchacho de ojos claros angustiado. Una bala en su cabeza, en un sitio peligroso, que no se la pueden extraer. La siento aún en mi mano…Duele.

Les contamos anécdotas, les preguntamos cómo transcurrían sus días…para volver a concluir en definitiva cárcel es cárcel…Lo que nunca quisimos, lo que jamás querré. Porque cada vez que nos sacaban del Penal soñaba que se diera la circunstancia de partir, de fugar, porque cada rendija de luz era una señal a la libertad y el mundo que soñamos. Más allá de todo lo que pretendan cárcel es cárcel, no es salida. Porque para que tantos miles de muchachos hayan llegado allí, el sistema primero los condenó a una miserable existencia, luego cuando todo está perdido cuando ya la droga hizo su trabajo, o cuando la desintegración social es tal que no hay parámetros para obtener lo que se necesita o lo que se desea los captura el código penal y les cae el encierro. Entonces el mundo se reduce a que no hay salidas. Solo rejas, muros, represión.

No me saco de la cabeza sus ojos. ¿Serían parecidos a los nuestros? Repelo la sola idea que uno solo de estos muchachos se haya sentido como nos hacía sentir Barrabino cuando nos mostraba a curas y empresarios, diciendo “estas son las conejillas de la India”. Este es un agujero negro en la historia. Expresos, expresas, protagonistas de fugas cinematográficas, las Estrellas, el Abuso… “reestructurando las cárceles del sistema” hoy, “humanizando” la industria de las cárceles, difundiendo una manida idea de la “recuperación del delincuente”, tendiendo a privatizar la industria carcelaria.

Para el 2016 tendrán una cárcel en ese sitio bajo el régimen de participación público privada (PPP) para dos mil presos, en la que los privados se harán cargo de la alimentación, limpieza y lavandería.

El Estado asumiría los servicios de salud, “rehabilitación” y seguridad. A las empresas se les exonera de impuestos. La construcción de la cárcel saldrá más de 90 millones de dólares. El consorcio Unidad Punta de Rieles, ganador del concurso, está formado por Teyma Uruguay e Instalaciones Inabensa, ambas del grupo Abengoa y por la empresa Goddard Catering Group Uruguay. ABENGOA es una multinacional de origen sevillano y que se expande a 80 países.

Tienen el monopolio de las plantas termo solares incluso en EEUU y Brasil. Han sido denunciados porque sus más de 22 mil trabajadores son súper explotados y no pueden sindicalizarse. Descomunal inversión para encerrar la tristeza. ¿Qué pensábamos en ese entonces sobre invertir en represión, en cárceles?

Hay un fenómeno extraño que tiene que ver con la memoria de los espacios, con varias de las compañeras comentamos con asombro que recordábamos como todo más grande el edificio en forma de Y griega más grande, la cocina más grande, la Capilla más grande. Supongo que cuando te tuvieron encapuchada, o encerrada en un calabozo algo que mida algunos metros más se te fija como gigante. Tal vez…

En La Capilla, dispusieron el Sector C, ubicado en el lugar que había oficiado de altar para los jesuitas, (antes de ser cárcel eran dueños de ese predio) convertido en campo de concentración en el transcurso del proceso de militarismo. Aún está el altar con un fieltro negro. Ahora lo reconocimos mirando desde el sitio de la guardia donde rigurosamente las PMF controlaban todo lo que las presas hacían. Anotaban: quien con quién, quién deprimida, quién leía, quién tejía, quién alentaba… número 102 se ríe… Hoy pudimos ver desde donde nos veían.

Una compañera comenta: lo que fue subir esa escalera otra vez…lo que fue.
Resulta que este viernes 27 de junio a 41 años, todo el que quiso pudo entrar a Punta de Rieles. Con grandes dudas dentro de mí decidí ir a ver. Pasamos el scanner entregamos la cédula franqueamos puertas, alambrados, y ahí está él, el edificio en forma de Y griega.

Allá al fondo donde estaba la quinta un espacio-cancha, unas gradas, muchachos que se arriman, que nos preguntan, que no entienden como esas veteranas, esas viejas estuvieron allí, por años y años, un cartel NO A LA BAJA de la IMPUTABILIDAD LOS NIÑOS DE HOY SON EL FUTURO DEL MAÑANA, una muestra fotográfica de la Resistencia ante el golpe de Estado, un estrado, las autoridades del Penal reseñando la existencia de los centros de tortura bajo la dictadura-cívico militar, expresas, algunos dirigentes sindicales, los vecinos del barrio.

La radio que trasmite en el Penal, nos hicieron entrevistas; los presos pidiendo el cierre del Penal de Libertad, los presos contra la tortura, los presos contra la baja.

Una escena irreal, donde el presente es pasado, donde el pasado futuro. Un déjà vu, algo ya vivido, algo percibido. Una experiencia contundente. Un sentir que estas acompañada por cosas que ya no están: los morrales colgados de la cuchetas, los calabozos, la baranda de la escalera, el grito de “Mire a la pared”, una sensación de familiaridad al mirar los ojos de los presos, una sensación de espanto, ¿Qué pasó? Un ¿qué ocurrió? Un desconcierto, una anomalía histórica.

La experiencia previa, se te asoma como una película que transcurre en un cine extraño, –una cárcel, la de Punta de Rieles- algo que ocurrió pero que ocurre otra vez. Y ahora los responsables no son: el capitalismo, Gavazzo, Silveira, el Goyo, LAS FFAA, los latifundistas, los yanquis, la cámara de industria y comercio, la asociación rural, la asociación de bancos, las multinacionales y los partidos tradicionales.

No. Ahora a 41 años no son ellos. Ahora son muchos más: el capitalismo, Mujica, Astori, Huidobro, Bonomi, Olesker (y todo el sequito de descreídos de la revolución social),las FFAA, los latifundistas, los yanquis, la cámara de industria y comercio, la asociación rural, la asociación de bancos, las multinacionales, los partidos tradicionales más los ex revolucionarios defensores del sistema capitalista.

Salí de allí. ¿Cómo salir de allí? Salir al camino, pensar en la Marcha de la plaza Libertad, en un rato a la DINAMA, de la DINAMA al Centro Militar, del Centro Militar a la Plaza del Entrevero el lugar de la resistencia. Alavío entonces…es decir ¡al camino otra vez!

Ir. 27/06/14