La FIFA manda en todo el mundo y su palabra es literalmente la ley.

Cualquier país que quiera ser anfitrión de la Copa del Mundo debe prometer de antemano que no cobrará impuestos a la FIFA ni a ningún organismo que actúe en su nombre.

Este privilegio coloca a la federación por encima de la ley y priva a los países de miles de millones de dólares en ingresos.

Mientras que los anfitriones gastan fortunas en infraestructura, la FIFA gana sin invertir.

De acuerdo con reportes de la BBC, los ingresos que tienen los jugadores profesionales por motivo del Campeonato Mundial también se encuentran exentos de cualquier gravamen.

Además existen especificaciones legislativas concretas a las que se obligan los países anfitriones.

Brasil, quien durante años mantuvo una restricción a la venta de alcohol en los estadios por la alta tasa de muertes durante los partidos, se vio forzada a cambiar su ley por la FIFA.

La enmienda fue bautizada por los medios como la “Ley Budweiser”, ya que la empresa que vende cervezas es uno de los principales patrocinadores del organismo futbolístico.

De manera similar, durante la contienda mundialista del 2010 en Sudáfrica, la FIFA obligó a la creación de cortes especiales para resolver delitos cometidos a los turistas o reporteros durante el evento.

La impartición de justicia por estas cortes fue polémica pues, en su afán de impresionar, impartía con celeridad severas sentencias por robos menores cometidos contra extranjeros. Por ejemplo, por robar un celular a un turista, un joven fue condenado a cinco años de prisión tras dos días de juicio.

El mensaje es contundente, la FIFA manda en todos lados.

Millonarios sin fines de lucro

La FIFA se autodetermina como una organización sin fines de lucro. Esto complica explicar cómo es que en su fondo de reservas tiene más de mil 432 millones de dólares.

Este tipo de cantidades exorbitantes y los pocos gastos en los que incurre el organismo es lo que ha llevado a la mayoría de los analistas a cuestionar su administración.

Al no contar con un órgano de vigilancia, nadie conoce con certeza los volúmenes de dinero que entran y salen de la FIFA.

Este año, de acuerdo a la revista Forbes, los ingresos de la FIFA rebasan los 4 mil millones de dólares.

De esta cantidad, mil 700 millones provienen únicamente de la venta de derechos de transmisión de los partidos.

Con un margen de utilidad del 50 por ciento, la FIFA recibirá 2 mil millones de dólares por un evento en el que no tuvo que hacer una gran inversión, mientras que Brasil ha gastado más de 11 mil millones de dólares en infraestructura.

El dinero y la corrupción van de la mano, por lo que difícilmente se puede acusar a la FIFA de no tener un organismo perfecto.

El problema es que sus directores pretenden hacer creer que no hay problemas y se niegan a aumentar la vigilancia.

Mientras tanto, su estatus de organización sin fines de lucro le otorga más libertad para sus negocios en Suiza, país donde mantiene su sede oficial, y que se caracteriza por ser laxo en su vigilancia a las empresas.

Los únicos que pueden realizar una presión verdadera sobre la FIFA son sus patrocinadores oficiales, quienes hasta el momento son los más beneficiados de la falta de transparencia.

Sobornos para todos

El escándalo de la FIFA que más polémica ha causado en la comunidad internacional es la elección de Catar como la sede de la Copa del Mundo del 2022.

Si en algo destaca el país árabe, es en su inviabilidad como sede del evento deportivo. Las temperaturas extremas superiores a los 50 grados celsius en verano provocan voces de protesta.

Para cumplir como sede, Catar está obligada a invertir millones de dólares en infraestructura que no tiene. Además, reportes de trabajadores forzados que mueren en las construcciones aparecen constantemente en los medios.

Con tantos factores en contra, los patrocinadores oficiales y diferentes asociaciones de futbol alrededor del mundo se preguntan cómo pudo ganar la propuesta de Catar por encima de la que realizó Estados Unidos.

Desde el 2012 se acusó al organismo presidido por Joseph Blatter de aceptar sobornos para elegir como sede a Catar.

En medio de la polémica, la FIFA contrató la ayuda de un exfiscal estadounidense para investigar el caso.

A pesar de que los resultados de la averiguación se darán a conocer al finalizar el Mundial en Brasil, el sentimiento generalizado es que los altos ejecutivos de la FIFA deben ser removidos de sus puestos y se debe aumentar la vigilancia en los métodos de elección.

Algunos han sugerido que la sede del Mundial sea permanente o que se rote entre las mejores selecciones de futbol del mundo.

Con esto se elminaría el problema de las inversiones multimillonarias que se deben realizar en nuevos estadios, que usualmente terminan abandonados.

Sin embargo, aficionados afirman que dejar de rotar la Copa por todos los países otorgaría una ventaja a las grandes selecciones futbolísticas.

Mientras que esta semana Joseph Blatter, presidente de la FIFA, inició el camino para ocupar por un quinto periodo consecutivo la dirección, tanto él como la organización se enfrentan a acusaciones de corrupción cada vez mayores.

Uno de los escándalos recientes que manchan la imagen de Blatter y la FIFA es la acusación de que se eligió a Catar como sede para la Copa del Mundo del 2022 por sobornos.

Pero en lugar de hablar al respecto durante el 64 Congreso de la FIFA, Blatter ignoró su anterior promesa de retirarse al finalizar este periodo, y ya cabildea para mantener el puesto que controla desde 1998.

Aunque está en proceso una investigación interna, liderada por un exfiscal federal de Estados Unidos, autoridades futbolísticas europeas ya han vuelto pública su desaprobación a la administración de Blatter y de su intento de reelección, argumentando que los escándalos han manchado significativamente la reputación de la FIFA y que Blatter debe asumir la responsabilidad por esto.

El diario The Wall Street Journal reporta que David Triesman, expresidente de la Asociación de Futbol de Reino Unido, declaró esta semana que “la FIFA, me temo, se comporta como una familia de la mafia. Tiene una tradición de décadas de sobornos y corrupción”.

Trisman agregó que “la corrupción sistemática, subrayada por investigaciones no existentes donde la mayoría de los acusados están exentos de la investigación, vuelven imposible proceder”.

El caso Havelange

Lamentablemente, en lo referente a acusaciones de corrupción, Blatter no está solo

Una investigación interna de la FIFA realizada entre el 2011 y el 2013 reveló que su antecesor en el puesto, el brasileño Joao Havelange, fue encontrado responsable de aceptar 41 millones de dólares en sobornos, relacionados con la asignación de derechos de comercialización de la Copa del Mundo.

El reporte de la investigación de la FIFA muestra que durante los 90, Havelange, junto con su entonces yerno Ricardo Teixeira, exmiembro del comité ejecutivo del organismo y expresidente de la Confederación Brasileña de Futbol, aceptó tanto sobornos como regalos inapropiados para influir en la asignación de contratos de comercialización de la FIFA.

Y aunque la investigación no vinculó a Blatter directamente con la corrupción de Havelange y Teixeira, sí le asignó culpa por no vigilar con mayor cuidado asuntos como este.

La investigación afirma que los sobornos se canalizaron principalmente a través de la empresa de mercadotecnia deportiva International Sports and Leisure (ISL), que cayó en bancarrota en el 2001.

A pesar de los resultados de la investigación, ni Havelange ni Teixera fueron condenados judicialmente por sus acciones, ya que durante ese periodo los sobornos comerciales no eran un crimen en Suiza, donde la FIFA tiene su sede.

Además, la FIFA no tenía un código de ética en ese momento, ya que este apareció hasta el 2004.

Rolando Hinojosa /

Tomado de http://e-veracruz.mx
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