por Ricardo Ferré


 

En estos últimos días se ha suscitado una discusión sobre las Fuerzas Armadas, su presupuesto y aun sobre la validez política y económica de su subsistencia.
El “asistente” Huidobro salió en ferviente defensa del presupuesto militar utilizando hasta epítetos insultantes contra la senadora Constanza Moreira. Su amparo a cuanto militar acusado de torturador o de asesino, o de haber cometido cualquiera de los abusos conocidos: violación de mujeres o de hombres, robo de bebés, desapariciones, etc., es bien conocida. Desde el envío de tropas a Haití hace bastante tiempo, pasando por la extradicción de los tres participantes del asesinato del químico chileno Berríos, los procesamientos de Dalmao y de Juan Carlos Gómez, la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso(vulgo curros) para los militares, el envío de tropas a Irak, hasta su posición actual.

Es obvio que él  y Mujica están tratando de imponer un “día del nunca más” en cuanto a la impunidad de todos los delincuentes de lesa humanidad  procesados y sin procesar.

Mujica convirtió por arte de magia a violadores, asesinos, ladrones de bebés y torturadores empedernidos en pobres “viejitos” indefensos.

Ahora lanzaron la novedad de los “juicios militares” para encubrir a los culpables y a la propia institución armada, protagonista en pleno de los crímenes.


En sintonía con la actitud defensiva del ministro, Mujica entona el himno de la pseudo “insustituibilidad” de los militares, aprovechando la coyuntura de catástrofes climáticas.

Hace unos pocos años en un estudio, el politólogo argentino Rosendo Fraga a partir de datos oficiales de cada país, el factbook de la CIA y estudios de la Cepal, concluyó que Uruguay es el país de América Latina con mayor cantidad de efectivos militares en relación a su población. Su presupuesto de Defensa Nacional, en relación al PBI, ocupa el octavo lugar, según dicho informe, aunque medido por habitante, el gasto en las fuerzas militares uruguayas es el segundo de América Latina. Respecto al gasto militar per. cápita, el promedio regional el año pasado(2010) fue de US$ 46,04 por habitante. En 2003 Chile invirtió US$ 90,98, Uruguay ocupó el segundo lugar con US$ 51,82 y Brasil fue tercero con US$ 51,55. (Ver El Observador, sección URUGUAY, 31-03-04).

Revisando cifras más recientes1en 2012 nuestro país dedicaba un 1,9 % de su Producto Bruto Interno(PBI) a sus fuerzas armadas, según datos insospechables del Banco Mundial.

Se imponen comparaciones para estimar el valor de este guarismo:

Argentina                   0,9
Brasil                          1,5
Chile                           2,0
Paraguay                     1,7
Bolivia                         1,5
Colombia                    3,3
Venezuela                   1,1

Naturalmente, países con grandes ambiciones geopolíticas como EEUU, Rusia y China muestran porcentajes aun mayores, así como los países que tienen algún tipo de conflicto armado, como Colombia.

China, que tiene obvias ambiciones geopolíticas dedica, sin embargo un porcentaje levemente mayor que nuestro paí, a saber 2,0.

Es obvio que esta cifra es absurda para un país que no tiene perspectivas de conflicto armado, aun teniendo en consideración muchos años hacia adelante..

Si se compara con otros ministerios o con otros poderes del estado 2), se obtiene una visión aun más absurda.

En el presupuesto de 2012, Defensa figuraba como el segundo ministerio más rico del Estado (con 4,2% del presupuesto total del Estado): el primero es el Ministerio del Interior (5,1%) – lo que arroja el resultado de dudosa defensa política de que las dos carteras vinculadas a las armas y a la seguridad son las más ricas del Estado –. Detrás, muy atrás, queda el Ministerio de Transporte (2,2%), el de Vivienda (1,8%), o la cancillería (0,7%). Sumados, los ministerios de Industria, Desarrollo Social, Salud Pública, Ganadería, no llegan al presupuesto que se lleva Defensa. Un capitán de navío retirado gana $80.109 de jubilación, de acuerdo con la misma fuente.

Siguiendo con el punto de vista económico, de acuerdo con un estudio de Hugo Rodríguez, del Grupo de Estudios Estratégicos Argentinos 3), realizado en 2009, teniendo en cuenta el gasto militar per cápita, es decir cuánto aporta cada uno de nosotros para el mantenimiento de las fuerzas armadas , se obtiene el resultado siguiente en dólares americanos por año:

Uruguay              148,28
Argentina           64,75
Bolivia                   27,17
Brasil                     140,01
Chile                     334,88
Colombia            220,22
Ecuador               133,65
Paraguay             22,05
Perú                      51,50

Ésto nos da nuevamente un resultado harto sorprendente: un país pacífico, sin ningún tipo de  traza de conflicto bélico futuro, ¡es superado en América del Sur sólo por Chile y Colombia!

Pasemos ahora a analizar otro punto de vista: la cantidad de efectivos militares por cada 1000 habitantes, de acuerdo con las últimas cifras. 4)

Uruguay                     7
Argentina                   1,8
Brasil                          1,6
Bolivia                        4,7
Chile                           3,6
Colombia                    9,4
Ecuador                      4
Paraguay                     1,5
Perú                            3,9

Entre los grandes países con intereses geopolíticos importantes encontramos a Rusia con 7,3, EEUU con 4,5 y China con 1,7 en cuanto a personal activo.

Uruguay está entre los países de mundo con mayor cantidad de efectivos activos por cada mil habitantes. Un militar por cada 142 habitantes.

Otra vez nos encontramos con cifras asombrosas, nuevamente teniendo en cuenta los posibles conflictos armados de nuestro país.

Ahora bien, preguntémonos para qué tenemos esta cantidad desmesurada de efectivos militares, con los gastos consiguientes.

 

Una guerra convencional con los posibles agresores, o sea Argentina, Brasil o EEUU mediante sus infantes de marina, que han incursionado repetidamente por diferentes países latinoamericanos, no es posible.

Si se tratara de una guerra de resistencia contra alguno de estos tres posibles agresores, nuestras fuerzas armadas obviamente no están preparadas ni militarmente ni psicológicamente para esta tarea, y además carecen totalmente de experiencia de combate efectivo, salvo los grupos minoritarios que han participado de conflictos como tropas de paz de las Naciones Unidas. Este hecho ha sido reconocido hasta por los propios militares, cuando fueron consultados por Tabaré Vázquez para el caso hipotético de conflicto con Argentina a causa de la pastera UPM/Botnia, ubicada sobre la frontera fluvial entre los dos países.

Nuestras fuerzas armadas tienen como modelo y siguen, incluso bajo los últimos dos gobiernos progresistas, yendo a cursos de nuestros posibles agresores. 

 

No están a tono con las nuevas melodías que surgen de los gobiernos populares en América Latina, que se expresan en el ALBA. la UNASUR, la CELAC, y hasta en la vieja OEA, antiguamente dominada por Washington y que ahora a menudo resuena con ecos de los pueblos latinoamericanos.

Entonces, ¿para qué gasta el país, de los bolsillos del pueblo uruguayo, cerca de un millón y medio de dólares diarios en estas fuerzas armadas, gastos que inquietan hasta a militares extranjeros? 6)

Existen en el mundo 25 países sin fuerzas armadas 5), la mayoría de ellos países pequeños con fuerzas que le permiten controlar la integridad de su territorio y de su espacio aéreo y sobre todo marítimo, algún tipo de guardia nacional o prefectura terrestre y marítima altamente eficiente y tecnificada.


El presidente Mujica lo ratificó claramente en la base de Santa Bernardina en Durazno: garantizar la estabilidad institucional de la nación.

Ahora bien: ¿a qué se refiere el presidente? Parece bastante evidente que no se refiere a mantener la vigencia de la constitución, quebrada por los militares no hace tantos años y por la que sus voceros no parecen prestarle más que una atención retórica.

¿A qué estabilidad institucional entonces están dedicadas a mantener estas fuerzas armadas?

Cabe colegir la única posibilidad usando parcialmente el método de descartar otras que no parecen lógicas, una especie de ad absurdum matemático: que están para garantizar que la clase dominante, los terratenientes, las pocas familias que tienen el poder económico y las empresas nacionales y extranjeras que detentan la propiedad de medios de producción y de comunicación sigan gozando de sus privilegios.

Esta tesis está confirmada por la actuación de los militares en años oprobiosos recientes en la memoria popular cuando pudieron desarrollar sus técnicas. Usaron todos los medios para aterrorizar a los que quisieron cambiar las estructuras de poder: tortura, prisión, violaciones, asesinatos, desapariciones, secuestro y venta de los niños hijos de los “subversivos”.


En pocas palabras: el pueblo uruguayo mantiene casi a 1 militar cada ciento cuarenta habitantes a un costo de un millón de dólares diarios como amenaza a los que tengan como idea cambiar las estructuras de poder.

Su actitud renovada de reafirmación en sus procedimientos violatorios de los derechos humanos detallada más arriba constituye una permanente amenaza de atentado a la continuidad del parlamento y el poder judicial, instituciones representativas del pueblo que significa colocar a éste de rehén de su poderío castrense.

 

No cesan de repetir su auto nombramiento como tutores de la “democracia”, tal vez querrán decir de su propio modelo de “democracia”, cuando su función constitucional y su función es completamente diferente, más ligada con la tradicional de defensa de la integridad territorial del país.

Como dijo el Gral. Licandro, que debía conocer mucho del tema: “las Fuerzas Armadas no han cambiado. Cambiaron los hombres pero hay una gran presencia de hijos y nietos de aquellos, de aquella época. Y aquellos siguen hablando en los centros y diciendo que fueron salvadores de la patria y reclamando el reconocimiento de la sociedad. No han captado que la sociedad los ha rechazado una y otra vez. Yo no veo el camino para integrarlas a la sociedad hoy”, concluyó Licandro oponiéndose a la intención que ha repetido una y otra vez el presidente José Mujica.

Se impone entonces la disolución de las actuales fuerzas armadas y su refundación con la mentalidad artiguista de verdadera defensa nacional, de nuestros recursos naturales y humanos; fuerzas armadas populares con auténtico cariño por nuestro pueblo.

Ricardo Ferré
4 de febrero de 2014

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