“Nos equivocamos feo”, deberían decirnos algunos de los promotores de un plebiscito ya derrotado

Escrito por: Gabriel “Saracho” Carbajales

diciembre de 2013

Si preocupante es la ofensiva extractivista multinacional empeñada en saquear nuestros recursos naturales con la anuencia cómplice del elenco co-gobernante (oficialismo y oposición), no lo es menos la metodología empleada desde hace unas semanas por cierta gente declarativamente embanderada con la resistencia al saqueo, que, sin embargo, en los hechos, arrima agua al molino del extractivismo ladrón disfrazado de “progreso”, pese a encendidas proclamas cuestionándolo y llamando a apoyar la realización de un plebiscito de carácter nacional prohibiendo la megaminería a cielo abierto.

Adoptando y multiplicando procedimientos “políticos” que objetivamente ocasionan confusión y división en el creciente entorno social popular que paulatinamente ha venido comprendiendo las gravísimas proyecciones históricas de esta política estatal entreguista, se está impulsando una juntada de firmas cuya intencionalidad no ha sido explicitada públicamente por sus principales promotores, aunque la irrupción de última hora de algunos personajes de la farándula politiquera en plena campaña electoral anticipada, da para sospechar que el asunto es todavía más delicado, escabroso y peligroso de lo que podía suponerse hasta hace poco tiempo.

Veamos:

La cosa no es muy difícil de entender:

1) Hace poco más de un año, la Asamblea Nacional Permanente en Defensa de la Tierra, el Agua y los Bienes Naturales, reunida por primera vez en la ciudad de Tacuarembó, consideró cuidadosamente la propuesta presentada por uno de los colectivos sociales del casi medio centenar que la integran, en el sentido de promover un plebiscito de alcance nacional que propusiera a la ciu-dadanía una reforma constitucional prohibiendo la megaminería a cielo abierto en todo el territo-rio.

2) Mediante un debate fraterno, realista y sincero, se consensuó, sin embargo, sin la más mínima fisura, que lo prudente era seguir transitando el camino de la denuncia y la concientización cotidiana por medio de la divulgación de toda la información disponible acerca de los perjuicios de los megaproyectos en curso y otros en ciernes, especialmente a través de multitudinarias marchas nacionales como las cinco ya realizadas en estos dos últimos años y a través de las múltiples movilizaciones locales, barriales o departamentales desarrolladas desde fines del año anterior en el mismo sentido.

Entre otras consideraciones que condujeron a dicho consenso, mereció especial atención la de que no sería nada sencillo llevar adelante la campaña por el posible plebiscito, neutralizando a la vez la extendida y persistente campaña oficial de falsedades ya acumuladas en mucho tiempo y que, por lo tanto, tampoco sería sencillo demoler rápida y fácilmente el mito del “inversionismo” extractivista como solución al drama de la desocupación, que no se ha atenuado con absoluta-mente ninguna de las aventuras multinacionales ya puestas en práctica escandalosamente, y que sólo han dejado depredación, contaminación y, al contrario de lo pregonado, mayor mano de obra desplazada, especialmente en el medio rural.

En buen romance: el panorama percibido desde la primera asamblea, aun si hubiese habido consenso en cuanto a la voluntad o el deseo de llevar adelante el plebiscito, no permitía alentar ninguna esperanza fundada en cuanto a un resultado victorioso; y, por supuesto, esto represen-taría el riesgo de terminar “avalando” indirectamente lo mismo que estamos tratando de resistir y frenar a toda costa, en una resistencia que por supuesto nadie en su sano juicio podría creer re-ductible a una dudosa instancia electoral y nada más.

3) Lo consensuado, obviamente, no implicaba prohibirle a ningún colectivo que igualmente lo entendiera conveniente, promover un plebiscito de carácter nacional; o que el tema no pudiera replantearse y reconsiderarse en ulteriores asambleas de la misma forma abierta, fraterna y ejemplarmente democrática con que se resolvió en setiembre de 2013, se siguió resolviendo en las cinco asambleas siguientes y se seguirá resolviendo en las próximas. La ANP no le cerró las puertas a un posible futuro plebiscito, sencillamente por no ser un partido político de “férrea disciplina”, sino, nada más y nada menos, un amplísimo movimiento social resuelto a transitar el necesario ensayo de una democracia de abajo, sin caudillos, sin grupos “vanguardizantes”, comprometido con la idea de que todo lo que se asuma lo sea a través del consenso y la voluntad de sumar fuerzas en una lucha que ni empieza ni termina en una marcha o una recolección de firmas.

4) Posteriormente, vecinas y vecinos organizados de Tacuarembó, lograron algo inédito que mostró otras posibilidades de resistencia y que demostró las potencialidades subjetivas existentes en zonas del interior del país tradicionalmente consideradas ajenas a la movilización popular: más de 13.000 firmas departamentales declarando a Tacuarembó libre de megaminería a cielo abierto, fueron reunidas en poco tiempo. Y, apenas concluida esa recolección de firmas, el gobierno clausuró la radio comunitaria tacuaremboense que cumplió un papel fundamental en esa campaña, y la Corte Electoral desestimó el valor de dichas firmas.

Simultáneamente, en otros departamentos del interior, se multiplicaron las iniciativas locales en el mismo sentido o muy parecido, como podemos verlo diariamente.

5) Al día de hoy, un núcleo de gente del cual alguna de ella participó en aquella asamblea de Tacuarembó y subsiguientes, se ha hecho responsable de impulsar la recolección de firmas para un plebiscito nacional prohibiendo la megaminería a cielo abierto. Lo hace al margen del ámbito asambleario aunque haya lanzado esta recolección en el curso de la quinta marcha de la ANP en defensa de la tierra, el agua y los bienes naturales, realizada el 18 de octubre último. Lo hace, ostensiblemente, sugiriendo sutilmente que se trata de una iniciativa surgida del amplísimo movimiento social nacido en suelo tacuaremboense, reforzando esa apariencia mediante la sana y bien intencionada colaboración de otra gente efectivamente “simpatizante” de la ANP y su lucha, pero que desconoce cómo se fueron dando los hechos lisos y llanos que aquí se señalan someramente.

6) Por último, corresponde señalar la perla del collar “pro plebiscito” que parece poner las cosas en su sitio y que, obviamente, obliga a salirle al cruce a algo que, más allá de detalles y especulaciones para los más variados gustos, es la confesión rotunda y clara de los contenidos “políticos” de fondo de algo que no tiene nada que ver con el espíritu ni con la metodología de la ANP y de la inmensa mayoría de los colectivos que la integran: la presentación hecha “en sociedad” de quienes promueven el plebiscito, en el palacio legislativo el lunes 2 de diciembre, contó con la presencia “militante” de reconocidas figuras dirigentes pertenecientes al mismo partido político co-responsable activo de la escalada saqueadora en boga, que ante la campaña electoral la posa de “oponente” sin serlo en absoluto, y busca votos más que nada entre los directamente perjudicados por el extractivismo saqueador.

No parece muy probable, pero ante lo que viene ocurriendo, los posibles “incautos” deberían desmarcarse y plegarse a denunciar todo esto como lo que es, objetivamente, más allá de las sanas intenciones de parte de quienes colaboran juntando firmas: un operativo por lo menos irresponsable y demagógico que lleva en sus entrañas, necesariamente, la marca de la derrota del mismo plebiscito que se promueve, pues al enlazárselo, como se lo hace, con el proselitismo electoral deschavado, quedan desnaturalizados los enunciados bajo los cuales se llama a una “consulta popular” flechada de antemano, que no por casualidad nació del oportunismo y la falta de lealtad de algunos que hace un año, en Tacuarembó, simularon plegarse al consenso social democráticamente asumido por la ANP.

Por todo lo dicho, prudencia y calma: no estamos ante una movida contra el saqueo; estamos ante algo que estaría bueno explicaran con sinceridad algunos de sus cogestores, si es que la humildad y la buena fibra virtuales, les permiten explicaciones honestas, tras las que, si fueran consecuentes, deberían decir públicamente y sin remilgos: NOS EQUIVOCAMOS FEO, y listo.