Quedan apenas unos diez minutos para las diecinueve horas, aun hay sol en la rambla, el mate hace rato que me dejó, desde donde estoy sentado veo perfectamente la entrada y salida de gente del edificio, (la casa de la tía) así ví llegar uno a uno a los compañeros para la reunión, yo tengo que entrar por último a las diecinueve, ni mas y tampoco menos.

Camino alrededor de la manzana para verificar que todo está bien, “sin problemas”, llego al portal, toco timbre y la voz en el portero eléctrico me dice que me vaya (contraseña acordada para saber que puedo entrar), si me decía que subiera me tenía que retirar rápidamente.

Adentro está todo el grupo, todo bien, entonces comenzamos la reunión como siempre, información, noticias nacionales y comentarios internacionales.

Carmelo nos comenta que después del asalto al CIM (Centro de Instrucción de la Marina) operación realizada por el MLN-T no debemos preocuparnos mas por el armamento, pone un chif 38 especial de caño corto sobre la mesa y nos informa que los compa del MLN-T nos pasarán las armas necesarias.

Estábamos acostumbrados a ese tipo de “asistencia” ya que con los compañeros de la OPR 33 Orientales, continuamente nos prestábamos e intercambiamos información, armas y todo lo que fuese necesario, pero con el MLN-T era diferente, no por nosotros sino porque ellos tenían otra visión sobre estos temas.

“Ara” pregunta porqué, cual es la razón “… si mañana tomaremos la armería que hace casi un mes venimos trabajando…es mas estamos acuartelados para eso” Carmelo dice que se suspende la operación y que la dirección acordó empezar a actuar en grupos mixtos con el MLN-T.

Evidentemente eso trajo una discusión dura, “…perdemos autonomía, nuestra visión táctica es divergente de la de los compas del MLN…” etc.

Nadie queda muy convencido, pero Carmelo era el comando y si la dirección decía eso sus razones tendría, grupos mixtos con la columna 15.

Un mal presentimiento me persiguió varios días. Salimos de a dos con diferencia de diez minutos y realmente no cruzamos palabra entre nosotros.

La noche era tibia, el ruido de las olas contra el murallón de la rambla anunciaba tormenta,  en la calle Buenos Aires  haciendo esquina con Alzaibar, la gente del boliche estaba casi toda en la puerta, miramos rápidamente y  continuamos caminado hacia Plaza Independencia.

Esa noche dormí poco, pensaba en lo que había dicho “Ara” y lo poco que había aportado Rubén Canziani (el negro), creo que me quedé dormido tratando mas que  entender quería racionalizar un clima nuevo en el grupo.

Siempre habíamos sido muy fraternales entre nosotros, militar juntos y poner en riesgo la vida juntos te hermana, así nos sucedía a nosotros.

La mañana está calurosa y los ómnibus pasan llenos hasta el tope, son las ocho, hora de ir al trabajo, me doy cuenta que esa sensación de inseguridad del día anterior todavía me dura.

El 105 viene con poca gente, logro sentarme junto a la ventanilla abierta, llegando a la Plaza de los Bomberos veo a Vasconcellos caminando  por 18 de julio, me extrañó ya que él no trabajaba y era “una hora temprana de la mañana”.

Una frenada brusca me hace perderlo de vista, me bajo en Plaza Independencia y continúo caminando al trabajo, son pocas cuadras.

A la noche en el contacto de seguridad viene él y se lo comento, me responde que no era él, que se había levantado tarde como siempre, no le di importancia y seguimos conversando.

Las acciones del M.L.N. seguían ocupando los principales titulares de los diarios al igual que los informativos, en Montevideo no pasaba nada que no se relacionara con ellos, no había mas ladrones, no había mas asaltos comunes y corrientes y si otra organización hacía un acción esta rápidamente era atribuida al M.L.N., aunque estuviese firmada por otra organización o grupo.

 

Llegó un momento que los jóvenes y no tan jóvenes deseaban integrase a los Tupamaros, casi se había vuelto una moda, ¿quien podía prever que tiempo después esa fuera una de las causas de su derrota?

Donde yo trabajaba era una oficina muy particular- Comisión Honoraria del Azúcar-viejos y queridos químicos industriales (Argenzio, el Pata, varios otros viejos anarcos que de bombas y atentados algo sabían), lo mismo que los contadores, buena gente, entre ellos el Cdor. Cámpora (Chichí) integrante del MLN, realmente aprendí mucho de la vida y de tantas otras cosas.

La brisa calurosa continúa en la tarde – noche montevideana, decidí irme caminando para casa -una vez a la semana lo hacía- siempre me gustó caminar por 18, de 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez hasta 8 de Octubre e Industrias ( hoy Serrato), tenía tiempo de pensar y aclararme las ideas, al llegar a 18 de Julio y Río Negro me encuentro con Mayans, decidimos tomar un café en un boliche y charlar (rompimos una regla de la seguridad). Él estaba preocupado, tenía una compañera peruana que también estaba integrada a otro nivel y no entendía mucho eso de los grupos mixtos, yo le manifesté mi desacuerdo e insistí en esperar y plantearlo en la próxima reunión (la cual nunca existió).

 Al otro día en otro contacto de seguridad vino Carmelo y ya recibimos la orden de nuevos contactos, nuevo encuadramiento y nuevos compañeros.

A mi me tocó en un grupo denominado grupo “del chacarero”, obviamente en la primera reunión fui compartimentado, me llamó mucho la atención que en la casa que nos reunimos había en el living un gran cuadro del Gral. Gestido, hice el comentario y el chacarero me comento que era de cobertura, (en esa época existían los operativos rastillo, el ejército ocupaba una calle, una manzana y allanaba todas las casas.), la reunión me resultó incómoda, no se hablaba mucho de política, no se hacían análisis, mas bien nada, se repartían tareas y basta, participé de algunas, accioné con los compas en ese etapa de “grupos mixtos”.

Habíamos quedado Diana y yo que éramos compañeros del antiguo grupo de las F.A.R. Orientales y algunos compañeros de los cuales yo era el responsable, nunca les había transmitido ni comentarios ni la orden de pasar al M.L.N.

La lluvia anunciada hacia varios días había llegado, te daba una sensación de alivio y frescura, el rumor de las ruedas sobre el pavimento mojado de la calle San José nos hacia compañía, Diana había recibido una llamada de una vieja amiga (la triple fea) también integrante de las F.A.R.O. quería tomar un café con nosotros, ahí estábamos en ese boliche sin hablar mucho esperándola. (“un contacto horizontal”)

En la conversación nos pide si podemos “vigilar” a Ariel y referirle, nos extrañó mucho ese pedido, pero sobretodo nos puso en alarma, le dijimos que si, cosa que sabíamos que no haríamos.

Esa noche resolvimos que al otro día debíamos comunicarnos con “Ara”, sabíamos donde vivía y ella tenía a su compañero preso, queríamos hablar y saber que estaba pasando, éramos conscientes que rompíamos todas las reglas.

Al otro día, “trillé” varias calles del Cerrito de la Victoria haciendo tiempo y observando como estaba el barrio, después ingresé a la casa de “Ara”, estaban la madre y el padre, dos fieles colaboradores y militantes del MRO, el papá trabajaba en Alpargatas y militaba en el sindicato, su mamá cosía y tejía, me recibieron como siempre, muy bien, muy afectuosos y nos pusimos a tomar mate en la cocina hasta que llegó “Ara” del trabajo.

Me saludó un poco seria y nos fuimos al cuarto de sus padres para charlar, (las reuniones en esa casa siempre se hacían ahí), le comenté todo lo pasado y le pregunté que carajo estaba pasando.

Ella me informa que los compañeros presos estaban divididos en cuanto a la integración al MLN, que estaban discutiendo pero sabían que no había arreglo, (ellos tenían la posibilidad de discutir).

Candamio, Quiroga, los Burgui y la gente del Cerro no hacían acuerdo, el Tony y otros sostenían la integración en grupos mixtos como primer paso para una integración total.

Nosotros afuera decidimos bajarnos y esperar cuales serían las decisiones que tomaban los presos e hicimos llegar por intermedio de “Ara” nuestra postura.

La mañana estaba soleada y el viejo como siempre, me acompañó hasta el portón, cruce Joanicó rumbo a 8 de octubre, me giré como siempre y lo saludé (nunca sabías si ese saludo era el último), antes de llegar a la parada veo a Vasconcellos  caminando por la vereda de enfrente, nos miramos y cada uno siguió su camino (pensé que tendría algún contacto).

La represión cada día era más pesada, una noche cerca de las tres de la mañana se llevan a Diana, (Vasconcellos conocía la casa y estaba en el “camello”), mi suegra me avisa y yo logro zafar por minutos.

Las estrellas parecían faroles colgados, la facultad de veterinaria (sus bulines) fue mi primer refugio en la  clandestinidad, esperé que saliera el sol y muy temprano pasé la alarma al grupo y lo desactivé, después de algunas vueltas y llamadas, un viejo anarco, jefe de donde trabajaba me “destacó oficialmente al ingenio Montes” de RAUSA, ahí pude refugiarme y aguantar un tiempo.

Los criminales creyéndose dioses se ensañaron con la flaca, para ellos tenía todos los defectos posibles: mujer, “comunista” y de familia judía.

El Sexto, el Noveno y el Penal de Punta de Rieles fueron los testigos de su entereza. Un día, estando encapuchada reconoció la voz de Vasconcellos, cuando pudo solo le preguntó: ¿Por qué? “….. Tengo la orden de que antes de delatar a uno de los míos (MLN)…..hable de ustedes…” .

 Sergio Napoli

 semanario Alternativas