Diciembre de 1967, Uruguay:

“En definitiva: patriotas o cipayos”

La historia no es muda, y parece “tener” la propiedad de desnudarnos y mostrarnos tal como somos –y como fuimos-, aunque no lo queramos, o aunque, hoy, mostremos adiposidades y otros cambios morfológicos que nos hacen vernos en el espejo del pasado, como auténticos “desconocidos”.

Cada cual sacará sus cuentas, sus interpretaciones y sus conjeturas de cara a un presente que nos muestra algunos personajes que si nos atuviésemos a su vida actual, nada tendrían que ver con lo que describe la siguiente transcripción, tomada, precisamente, de un libro escrito a finales de los ´80 * por quien a la postre sería “nuestro” locuaz e “inteligente” ministro de “defensa nacional”, protagonista muy directo y principal de aquellos tiempos rememorados y en los que, los hechos y los enunciados, convocaron también a la acción política –entre muchas otras y muchos otros- al único “ministro del interior” de nuestra historia que pide disculpas por un vil asesinato policial y por supuestos despliegues represivos “inorgánicos”, “clandestinos” y “conspirativos”, sin más consecuencias que un agente procesado por homicidio simple, otros siete “separados del cargo” y unas pocas felicitaciones de algunos hinchas por la “sensibilidad” y la “humildad” mostradas por el gobernante ante las barbaridades “democráticas” ocurridas, nada excepcionalmente, en el barrio Santa Catalina, lindero al proyectado “Polo Industrial Puntas de Sayago” (zona franca, puerto, regasificadora, playa de contenedores, servicios para Aratirí y otras multinacionales del extractivismo, etc., etc.).

Unos días antes de que el colorado Jorge Pacheco Areco, a fines del año 1967, debutara despóticamente como presidente del Uruguay (tras la súbita y rara muerte del también colorado Gral. (R) Oscar Diego Gestido, electo un año antes), proscribiendo a prácticamente todos los grupos legales de izquierda (Partido Socialista, Movimiento Revolucionario Oriental, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, federación Anarquista uruguaya, Movimiento de Acción Popular Unitaria, exceptuándose al Partido Comunista y otros grupos menores) y clausurando al semanario “El Sol” y el diario “Época”, el naciente MLN (Tupamaros) debutaba declarativamente con una carta abierta que fue en realidad su primera proclama política pública, luego de concretar algunas acciones armadas más bien “anónimas” y sobre todo de aprovisionamiento, tras reponerse mínimamente de las durísimas adversidades de fines del año anterior, que habían significado la muerte en combate de los Compañeros Carlos Flores y Mario Robaina, el pasaje a la clandestinidad de decenas de militantes y la evidencia pública y notoria, antes de lo esperado, de la existencia de una organización revolucionaria que rompía con la legalidad burguesa y que incursionaba en un plano inédito de la vida política “moderna” del país, sesenta años después de la finalización de los brutales encuentros armados (y los feroces degüellos) entre los gestores del bipartidismo tradicional, confrontados en pos del poder político-económico de un territorio aun no definitivamente inserto, a finales del siglo XIX, en el sistema capitalista internacional.

La “carta abierta” de marras tuvo amplísima difusión mediante volanteadas clandestinas, y, además, la publicó precisamente el diario “Época”. Tenía una parte aclarativa acerca de versiones de prensa y comunicaciones oficiales del gobierno que tergiversaban y falseaban las circunstancias de un enfrentamiento con fuerzas policiales ocurrido el 29 de noviembre, un mes antes, en la “Costa de Oro”, y, si bien estaba dirigida directamente a un par de policías que participaron de ese encontronazo, sus expresiones abarcaban a la totalidad de las fuerzas represivas y representaban un llamado a éstas a no seguir actuando en contra de los intereses del pueblo trabajador y sus organizaciones sociales y políticas.

El resto de la proclama, como puede apreciarse, expone someramente las motivaciones y los propósitos de la acción tupamara que hasta mediados del año 1972 sostendría una desigual aunque significativa confrontación armada con el régimen, que acabaría en fulminante derrota al trasladarse la responsabilidad de la acción represiva estatal antiguerrillera de la órbita de las fuerzas policiales a la de las FF.AA. (ejército, marina y fuerza aérea coordinadas) que el 27 de junio de 1973 formalizarían un golpe de Estado (“cívico-militar”) a pesar de estar claramente consolidada la derrota tupamara (en los hechos, el golpe fue dado cuando el parlamento votó, tras los trágicos hechos del 14 de abril de 1972, el famoso “Estado de guerra interno”, que diera lugar a la intervención militar con plenos poderes y habilitando métodos que no ahorrarían la consumación de incalificables delitos de lesa humanidad más o menos conocidos hoy por todo el mundo, y que fueron consumados, una vez neutralizadas todas las organizaciones armadas (MLN, FARO, OPR-33), también contra todo el movimiento popular organizado, real “objetivo superior” del golpe reclamado por blancos, colorados y fascistas “tapados”, hasta principios del año 1985.

Uruguay era en diciembre de 1967 un verdadero polvorín social activado por una crisis que, como de costumbre, era descargada sobre el lomo del pueblo asalariado o desocupado con impresionantes devaluaciones de la moneda local y los aumentos generales de precios originados en ellas, descomunales rebajas salariales, despidos en masa, y, una nefasta acentuación de los lazos de dependencia económica y política respecto a los grandes centros hegemónicos del imperialismo. Y la represión creciente y cada vez más brutal, era la única respuesta de la clase dominante, ejecutada por un aparato armado al que, evidentemente y como no podía ser de otro modo, aquella proclama no le hizo ni mella.

Conviene también entender que es en aquellos tiempos donde empezó a incubarse, sin frenos, una situación social que casi 50 años después ha servido para que todo el andamiaje mediático-demagógico del sistema, haya producido la actual paranoia colectiva llamada “inseguridad ciudadana”. Es de aquellos años que data el comienzo de un “barranca abajo” que hoy hace posible que haya importantes parcelas sociales para las que la miseria material y cultural, supone la pérdida de hábitos de trabajo, vínculos de solidaridad y generosidad proletarias, y, por ende, una aguda depreciación de valores ético-humanos, que, sin dudas, no será para nada superada mientras las cuestiones de fondo permanezcan intocadas y se siga apelando a lo represivo-paranoico como ligerísima “solución” político-ideológica a algo que reclama, sencillamente, REVOLUCIÓN.

Decía “Época” antes de transcribir la “carta abierta” y a unas horas de su clausura:

“Ha llegado a nuestra redacción, acompañada de un pedido de publicación cuyas firmas acreditamos como auténticas, la carta abierta que integrantes del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) dirigen a los agentes policiales Víctor T. Bentancor y Delfino Suárez de Lima. Innecesario resulta destacar la importancia que adquiere, luego de una sensacionalista y parcial campaña de desinformación y ocultamiento de hechos, la descripción de las reales circunstancias que rodearon el tiroteo del 29 de noviembre último en El Pinar. Fieles a nuestra consigna de veracidad en la información, y a nuestro propósito de apoyar toda lucha de liberación nacional independientemente del juicio que puedan merecernos la oportunidad y las formas en que aquélla se manifiesta, damos íntegramente el texto de dicho documento”.

“CARTA ABIERTA DEL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL (TUPAMAROS)

Sres. Agentes de Policía: Víctor Tomás Bentancor / Delfino Suárez de Lima:

A raíz de los sucesos de notoriedad, creemos necesario comunicarnos con ustedes, y por vuestro intermedio con todos los integrantes de la Policía, el Ejército y demás fuerzas del país. Lo hacemos en carta abierta a la que daremos la mayor publicidad posible para que, además, la mayor cantidad de gente atestigüe esta especie de diálogo.

Con respecto a lo que sucedió el 29 del corriente, queremos manifestarles lo siguiente:

Ustedes saben que la verdad es que nos confundieron con los ladrones de joyas. Que a vuestro pedido, el compañero que los recibió mostró el documento de identidad y les dio las explicaciones solicitadas, desarmado y de buenas maneras. Que aún así, ustedes lo detuvieron revólver en mano e iban a entrar en la cabaña a pesar de que dicho compañero les pidió la orden de allanamiento que ustedes no presentaron. La verdad es que el compañero, que entonces salió de la cabaña arma en mano, antes de tirar les pidió que se quedaran quietos, pero ustedes intentaron quitarle el arma y dispararon sobre él hiriéndole de consideración (herida que nadie menciona a pesar de que el agente Bentancor la vio sin lugar a dudas). La verdad es que cuando dicho agente cayó herido y pidió por su vida, la misma le fue respetada, siendo, además, atendido, revisado y tranquilizado por otro compañero con respecto a la magnitud de su herida.

Todo esto ustedes lo conocen bien y entonces conocen que sus superiores mienten, que miente la prensa.

Con respecto al futuro, queríamos decirles: el 29 de noviembre nosotros tratamos por todos los medios de encontrar una salida a la situación antes de tener que tirar. Y ello fue así porque no somos delincuentes comunes; porque nuestra lucha no es contra los agentes policiales. Nuestra lucha es contra quienes utilizan las instituciones armadas y a quienes las integran, para reprimir al pueblo y sostener sus privilegios. El mismo pueblo que conforma y paga dichas instituciones. Contra ellos sí apuntan sin vacilaciones las miras de nuestras armas y apuntarán también contra quienes asuman su defensa consciente o inconscientemente.

Hemos iniciado una lucha en la que nos va la vida. Lucha que se detendrá solo con la victoria o la muerte. Y lo hemos hecho porque consideramos criminal la indiferencia ante la situación de nuestro país, o las escapatorias más o menos elegantes a la obligación de asumir responsabilidades con respecto a esa situación.

Porque tenemos profunda fe en el pueblo uruguayo, del cual hemos salido y al cual hemos visto engañar y explotar impunemente. Fe en que ese pueblo, se levantará pronto junto a nosotros.

Porque ya no creemos en las leyes e instituciones que los 600 privilegiados dueños del país, de los partidos políticos y de los órganos que manejan la opinión pública, han creado (y pisotean cada vez que les conviene) para defender sus intereses hambreando al pueblo y apaleándolo si se resiste.

Porque creemos indispensable que el pueblo organice su violencia para reprimir la violencia velada o evidente de sus oligarcas.

Porque no estamos dispuestos a presenciar sin lucha cómo se vende al extranjero la patria de Artigas.

Porque las soluciones, que sin lugar a dudas hay, para resolver los problemas del país, no se lograrán sin la lucha violenta, pues esas soluciones son contrarias a los intereses de quienes lo tienen todo en sus manos, y son contrarias a los intereses de extranjeros muy poderosos.

Porque esas soluciones además son dramáticamente urgentes; de ellas depende ya, la vida, la cultura, la salud, la alimentación, el derecho al trabajo de muchos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos. De ellos depende el porvenir de la patria y somos lo suficientemente maduros como para no seguir esperando indefinidamente que los políticos profesionales vendidos y corruptos, encaramados en el poder, las aporten.

Por todo ello, nos hemos colocado al margen de la ley. Es la única ubicación honesta cuando la ley no es igual para todos; cuando la ley está para defender los intereses espurios de una minoría en perjuicio de la mayoría; cuando la ley está contra el progreso del país; cuando incluso quienes la han creado, se colocan impunemente al margen de ella cada vez que les conviene.

Para nosotros ha sonado definitivamente la hora de la rebeldía, y ha terminado la hora de la paciencia. Ha comenzado la hora de la acción y el compromiso aquí y ahora y ha terminado la hora de la conversación, la enunciación teórica de propósitos y las promesas que nunca se cumplen.

No seríamos dignos uruguayos ni dignos americanos ni dignos de nosotros mismos, si no escucháramos el dictado de la conciencia que nos llama día a día a la lucha. Hoy, ya nadie puede negar el derecho a seguir ese dictado por encima de cualquier cosa, nadie nos podrá quitar el sagrado derecho a la rebeldía y nadie nos va a impedir si es necesario morir para tratar de ser consecuentes.

De ahora en adelante, las cosas van a ser mucho más claras: con el pueblo o contra el pueblo; con el pueblo y la patria o con la oligarquía y el extranjero. En definitiva: patriotas o cipayos.

Para terminar, que quede claro en lo sucesivo que si nos volvemos a enfrentar, ustedes o cualquiera, estarán optando por uno de los términos de esa disyuntiva, que si nos toca caer, otros ocuparán sin lugar a dudas nuestro puesto, y entonces, más tarde o más temprano, de una u otra forma, ustedes tendrán que rendir cuentas.

Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), diciembre de 1967.-“

*“Historia de los Tupamaros”, tomo 3, Eleuterio Fernández Huidobro.-

 

Gabriel –Saracho- Carbajales, 19 de noviembre de 2013, Montevideo.